En tiempos donde la violencia, la incertidumbre y la prisa parecen imponerse sobre los espacios de convivencia, todavía existen jóvenes que deciden apostar por la cultura, la música y la creación colectiva. Así quedó demostrado en la entrevista realizada en Agenda Sinaloa, conducida por un servidor, Miguel Alonso Rivera Bojórquez y Juan Ramón Manjarrez Félix —quienes también somos titulares del programa De Aquí Somos y Aquí Estamos—, donde los integrantes de la banda La Bodega de Frijoles compartieron su visión sobre la escena musical local y el esfuerzo que realizan para rescatar espacios para el rock en Culiacán.
Quiero precisar que en la entrevista estuvo presente nuestro director general y también conductor José Enrique Santoyo Amaral, aunque esta vez desde el respaldo técnico, junto a Luis Ángel Rivera Ayala y Agustín Valdez.
Volviendo a la conversación, debo destacar que Axel Rubio López, guitarrista rítmico y estudiante del CETIS 107, junto a Julián García Verdín, bajista y vocalista de la agrupación, representan una generación que se niega a dejar morir la esencia del rock como punto de encuentro, identidad y expresión juvenil. Lejos de la imagen estereotipada que durante años acompañó a este género, ambos jóvenes hablan de organización, disciplina y comunidad.

La “tocada” que preparan para el próximo 17 de mayo en el Jardín de Eventos Las Carolinas, en el sector Santa Fe, no pretende únicamente reunir bandas sobre un escenario. La intención va más allá: abrir oportunidades para agrupaciones emergentes, generar nuevos públicos y demostrar que en Sinaloa existe una juventud deseosa de consumir propuestas distintas, alejadas de la rutina sonora dominante.
En la conversación quedó claro que el rock local atraviesa una paradoja. Hay talento, entusiasmo y creatividad, pero escasean los espacios y el respaldo. Axel lo resume con sencillez: muchas bandas tienen ganas de tocar, pero pocas oportunidades de ser escuchadas. Ante ello, decidió organizar un evento donde participarán agrupaciones como Lilith, Black Out, Avenida Tenochtitlan, Cantera y, por supuesto, La Bodega de Frijoles.
La charla también permitió descubrir el lado humano detrás de los instrumentos. Entre anécdotas, recuerdos y reflexiones, los conductores compartieron experiencias personales sobre las generaciones que crecieron acompañadas por guitarras acústicas, serenatas improvisadas y bandas que, desde hace décadas, han intentado abrirse paso en una ciudad donde otros géneros suelen dominar el mercado musical.
Sin embargo, lejos de cualquier confrontación cultural, los jóvenes músicos reconocen que la diversidad musical es parte de la identidad sinaloense. Su intención no es desplazar géneros, sino sumar alternativas, construir escenarios y provocar que nuevas generaciones se atrevan a explorar sonidos distintos.
Quizá ahí radique el verdadero valor de proyectos como este: en recordar que la cultura no siempre nace de grandes instituciones o presupuestos millonarios. A veces comienza en una cochera, en una playlist de Spotify convertida en nombre de banda o en un puñado de muchachos que deciden organizar una tocada para demostrar que el rock, en Sinaloa, sigue respirando.






