¿Qué es lo que nos trae el fin de la Globalización Americana? Lo que tenemos enfrente es un proceso de regionalización de la producción y un crecimiento hacia dentro, producto de la industria de la movilidad. China recibió la industria norteamericana y la superó. El punto es si caerá en la trampa japonesa del Toyotismo o consolidará el Bydismo.
La historia de Toyota es la de los motores de menos cilindros y mayor eficiencia, de la “Calidad Total”. El punto es que esto venía acompañado de la compra de bonos basura de Estados Unidos y de la reducción de la población. El “Toyotismo” no cambió el motor de combustión; lo hizo más eficiente.
China ha seguido otro camino: el motor híbrido, gasolina y electricidad, junto con la generación de energía por medio de celdas solares y la mejora de las baterías. La innovación se ha desatado y hay más de cien marcas en el mercado automotriz, no todas ellas de la misma calidad, que se encuentran en la etapa de la “Creatividad Destructiva”.
En este mismo momento de la curva de ascenso se encontraba Japón en los años setenta del siglo pasado. Entonces, Estados Unidos adoptó la “deslocalización” productiva y habló de flexibilidad laboral; sacrificó a sus trabajadores, hizo polvo las pensiones y debilitó al Estado de Bienestar, acusando a otros de aquello que ellos mismos habían provocado a través de la especulación y la sobreoferta.
Con este mecanismo de sobreoferta derrumbaron a la URSS y entonces hablaron de las bondades de la libre empresa. Movieron los capitales hacia una de las áreas centrales: la informática, controlando la cadena de producción de los chips, y hasta la fecha lo han conseguido, montándose en todo el engranaje de la “Revolución Industrial”.
Incluso vendieron al neoliberalismo como sinónimo de la Revolución Industrial, nada más alejado de la realidad. De la misma manera, atribuyeron el triunfo de la caída de la URSS a sus logros, cuando aquella implosionó por la corrupción y los abusos de la burocracia, que mataron al marxismo como teoría revolucionaria.
China no es la URSS. Aunado a ello, ha adoptado una política de crecimiento de las ciudades y de planeación territorial como punto de partida para detener la corrupción, un aspecto que cohesiona a la nación frente a los intereses extranjeros. Es un aspecto que tímidamente ha entendido México, sin librarse de la corrupción, lo cual es un error.




