Para Ambrocio Chávez el poder también tiene memoria: Sinaloa, las mujeres y Tere Guerra en el tiempo político

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En el Congreso del Estado de Sinaloa, a veces la política no solo se discute: se escribe. Y en una de esas sesiones donde la tribuna parece convertirse en espejo de época, el diputado Ambrocio Chávez Chávez pronunció un mensaje que desbordó el protocolo legislativo para instalarse en el terreno de la memoria política y del reconocimiento histórico.
Su intervención partió de una idea que atravesó todo el discurso: el tiempo de las mujeres en la vida pública de Sinaloa ya no es una expectativa, sino una realidad en construcción permanente. Desde ahí, el legislador trazó un recorrido que no fue solo político, sino también simbólico, al recordar el papel de las mujeres que han dejado huella en la entidad.
En ese contexto, evocó el Muro de Honor del Congreso del Estado, donde durante tres décadas únicamente permanecía inscrita la figura de Agustina Ramírez como referente solitario de memoria histórica. Con el paso del tiempo, ese espacio institucional se amplió para integrar nuevas voces femeninas que hoy forman parte del imaginario público de Sinaloa: Felipa Velázquez, Inés Arredondo, Amparo Ochoa, Cecilia Sadí y María del Rosario Espinosa.
Cinco nombres que, sumados a la primera inscripción histórica, construyen una narrativa clara: la memoria del poder también se ha ido abriendo a las mujeres. No como concesión, sino como una lectura más amplia de la historia pública del estado.
Ese telón de fondo da sentido al eje central de su intervención: el reconocimiento a la diputada María Teresa Guerra Ochoa, quien concluye una etapa al frente de la Junta de Coordinación Política y del grupo parlamentario de Morena. Pero más que una despedida administrativa, el mensaje la coloca dentro de una narrativa mayor: la de las mujeres que hoy no solo participan en la política, sino que la conducen.
En este punto, el contexto adquiere mayor profundidad: la legisladora solicita separarse del Poder Legislativo para emprender una nueva etapa política con un objetivo de mayor alcance: convertirse en la primera mujer en gobernar Sinaloa por la vía de la elección popular.
No se trata, por tanto, de una despedida convencional. Es un tránsito de escenario político: del Poder Legislativo hacia la disputa del Poder Ejecutivo, en un momento donde la presencia femenina ya no solo se consolida en la representación, sino que aspira a la conducción del estado.
Ambrocio Chávez subrayó que su gestión al frente de la Junta de Coordinación Política y del grupo parlamentario de Morena se distinguió por el liderazgo, el diálogo y el compromiso, dejando resultados y un legado político en favor de su movimiento y de Sinaloa. Destacó además su carácter, preparación y mano izquierda para la conducción de acuerdos en un entorno plural, así como su capacidad para dar la cara ante la sociedad.
Pero el sentido de lo expresado trasciende lo institucional. En su conjunto, el mensaje sitúa a Tere Guerra dentro de una narrativa más amplia: la de un tiempo político en el que las mujeres no solo participan en el poder, sino que comienzan a disputar su máxima expresión.
En su discurso, estas ideas no aparecen aisladas, sino integradas en una misma lógica histórica previamente trazada: la de un Sinaloa donde el poder público empieza a tener un rostro femenino cada vez más visible, desde los espacios simbólicos de la memoria institucional hasta las decisiones de gobierno.
Por ello, el homenaje a Tere Guerra no se entiende solo como un gesto político de cierre de ciclo, sino como parte de una transición más profunda: la consolidación de liderazgos femeninos en el corazón del poder legislativo y la apertura de nuevas rutas para su proyección pública.
El mensaje, leído en su conjunto, construye una tesis política y cultural: Sinaloa está redefiniendo su memoria y su presente a partir de la participación de las mujeres. Y en ese proceso, figuras como María Teresa Guerra Ochoa no solo ocupan cargos, sino que encarnan el momento mismo de esa transformación.
En política, hay discursos que describen el poder. Y hay otros, más raros, que lo revelan en movimiento. El discurso del diputado Ambrocio Chávez, sin duda, pertenece a los segundos: los que entienden que la historia no se anuncia, sino que se escribe mientras se pronuncia.

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