Aquella elección del 93

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Todo estaba dispuesto para que aquella elección del 93 resultara según lo previsto por los equipos de campaña.

Con una amplia difusión en los medios de difusión a su alcance, los asesores electorales de cada contendiente promovieron a sus correspondientes aspirantes, disipando a priori la indispensable incertidumbre que precede, o debe preceder, a todo proceso electoral democrático. “El resultado está cantado”, festinaban.

Llegó el día de la elección y todo transcurría según lo planeado. El resultado seguía siendo previsible a pesar de que no existían “casas encuestadoras” que dieran “certeza” del final, aunque en la práctica hemos confirmado que muchos de esos “levantamientos” para conocer los sentimientos de la nación confunden al electorado por la simple y sencilla razón de que sirven a intereses del mejor postor.

Llegó el día de la esperada elección y en el último instante, despachadas comparecencias, pasarelas y discursos, los acontecimientos dieron un vuelco de 180 grados que cambió el resultado que algunos medios de comunicación habían anticipado aventuradamente, ponderando tradiciones familiares e inversión publicitaria.

Con final de fotografía y relatoría de tango, Celia Jáuregui Ibarra ganó por una cabeza el trono de los Juegos Florales del Carnaval mazatleco de ese 1993, superando por un par de puntos a la favorita Paola Tirado, guapa jovencita, heredera de una larga tradición carnavalera, lo que provocó un escándalo social similar al que siguió al fraude electoral de 1983 en Mazatlán. El jurado del concurso fue condenado a los infiernos por los partidarios del tercer lugar y puesto su destino en manos del castigo de Dios. “Pero hay un Dios…”! clamaba una mujer profundamente agraviada, señalando con el índice a cada uno de los jurados y mirando en lontananza al infinito.

Aquella competencia de belleza, insulsa para muchos, trazó sin embargo el destino profesional de Celia hacia la promoción turística que sigue siendo su pasión y vocación. A partir de entonces, aquella jovencita de 17 años comenzó a andar sobre un camino cuesta arriba, entre humillaciones y desprecios, en un mundo donde la belleza física juega en contra de quien la porta cuando confronta al machismo que domina la escena política mexicana y al rechazo gratuito de otras mujeres que censuran la explotación física de los certámenes de belleza: “es una cara bonita, pero nada más”, criticaban compañeras cercanas. Ella misma lo reconoce: “la belleza abre puertas, pero la estupidez las cierra”.

En ese contexto ingresó al servicio público hace 14 años, siendo la única mujer en el gabinete y sub gabinete de Mario López Valdez. No tuvo que ir muy lejos para ser denostada y humillada al límite. Con la candidez de la ignorancia, apechugó ser mal tratada, recibir sueldo y prestaciones menores que los hombres del mismo nivel y trabajo, lo que hoy ameritaría demandas por violencia política en razón de género. “Ahh, no te gusta ser ama de casa y quieres andar en estas fajinas, pues sin Yolanda Maricarmen, aguántese…!”, escuchaba en silencio a cada momento. Y aguantó “porque creía que así era…”

Como subsecretaría de Turismo tuvo la responsabilidad de armar el protocolo de seguridad para traer de regreso a los cruceros turísticos que huyeron de Mazatlán en 2011 por la violencia más cruenta que ha enfrentado Sinaloa en su historia, cuando asesinaban a un sinaloense cada 4 horas en condiciones de masacre. “El Chicago mexicano”, publicó la prensa extranjera.

Armó el plan en coordinación con autoridades de seguridad estatal y municipal para presentarlo ante la Asociación de Cruceros de Florida y el Caribe (FCCA). Y cuando estaba a punto de viajar a Florida, sede de la reunión, le ordenaron entregar el documento a otro subsecretario que sería quien lo presentaría. El argumento fue banal: “vamos puros hombres, no se vería bien que fueras”, le dijo el Secretario, célebre por sus patanerías machistas. “Mándeme en otro avión o lleven a sus esposas”, intentó. No hubo manera, la comitiva tenía otros planes que nada tenían que ver con el propósito de la misión.

Después de cada caída, volvió a reinventarse para dejar buenas cuentas en el viejo acuario de Mazatlán, saqueado una y otra vez, crear como regidora el Centro de Atenciones al Turista (CAPTA), contribuir a reestructurar la policía turística, conseguir el decreto para nombrar “Puerto Heroico” a la ciudad de sus amores, lograr la aprobación de la ley contra cáncer pediátrico, única en el país, seguir luchando a favor de los niños con diabetes, no bajar la guardia para garantizar agua limpia y suficiente para esta y las próximas generaciones, pero principalmente ha sumado su trabajo legislativo al de sus otras 22 compañeras legisladoras para proveer una vida sin violencia a las mujeres sinaloenses.

Por supuesto, le preocupa y ocupa el desastre en que el Químico Benítez dejó a Mazatlán, particularmente en la anarquía inmobiliaria, las graves condiciones del drenaje sanitario que está a punto de colapsar, la movilidad y el cuidado del medio ambiente, entre algunas problemáticas que considera de urgente atención.

Celia heredó la resilencia y belleza de su madre, concursante en el Carnaval de 1973, alma libre que abraza con pasión causas perdidas y almas extraviadas. De ella abrevó el gen del servicio público, la compasión y el humanismo que entiende como “dar, dar, dar y seguir dando hasta que duela…”

Hoy decidió levantar la mano por la alcaldía de Mazatlán bajo la divisa de Morena, invitada personalmente por el gobernador del estado, y muy consciente de que entra a un proceso complicado de medición y escrutinio público de buena y mala fe, pero lo hace con la piel curtida por cicatrices.

Ante las dimensión de lo que viene y muy segura de su trayectoria, invita: “ahí está mi hoja de vida tanto personal como política, revísenla al detalle. Soy lo que ven…”

Tal vez, en este tiempo de las mujeres, consiga romper el injusto estereotipo que coloca a la mujer bonita en la repisa de artículos de ornato y le permitan contrastar su trayectoria con la de otras aspirantes que también tienen el mismo derecho. Veremos.

Saludos cordiales

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