La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Sinaloa ocurre en un momento marcado por la inseguridad, el reacomodo político y las primeras señales rumbo a 2027.
En ese escenario han llamado la atención las fotografías de Graciela Domínguez Nava con la presidenta de México y, posteriormente, con Omar García Harfuch y funcionarios del gabinete de seguridad.
Más allá de las interpretaciones políticas que puedan hacerse, los encuentros reflejan la necesidad de coordinación entre los gobiernos estatal y federal frente a un problema que sigue afectando la vida cotidiana de los sinaloenses.
Porque la seguridad no se mide solamente en discursos o estadísticas. Se refleja en el comerciante que decide si abre su negocio, en la familia que modifica sus horarios y en quienes esperan volver a casa sin sobresaltos. Ese es el principal asunto que enfrenta Sinaloa y debería estar por encima de cualquier especulación electoral.
Aunque todavía falta tiempo para las elecciones de 2027, las encuestas ya comenzaron a ocupar un espacio importante en la conversación política. El Debate publicó un sondeo sobre el rechazo a Morena en cinco municipios: Guamúchil, Los Mochis, Mazatlán, Culiacán y Guasave, con porcentajes de 70, 65, 62.5, 56.4 y 52.5 por ciento, respectivamente.
Los números deben tomarse como lo que son: una fotografía de un momento determinado. No constituyen, por sí mismos, una predicción de lo que ocurrirá en las urnas.
La historia electoral de Sinaloa demuestra que las preferencias pueden cambiar. En 2010 llegó Mario López Valdez al frente de una alianza opositora al PRI; posteriormente el tricolor recuperó la gubernatura y, años después, Morena se convirtió en la principal fuerza política del estado.
Por eso, cualquier lectura sobre 2027 tendrá que considerar no solamente las encuestas, sino también lo que ocurra durante los próximos meses.
En el PRI también comienzan a aparecer señales de movimiento. Una medición de Rubrum colocó a Mario Zamora Gastélum con 59.1 por ciento dentro de una medición interna del partido, por encima de Paola Gárate y Paloma Sánchez.
El dato permite observar el escenario dentro del priismo, pero todavía no permite anticipar una elección. Una candidatura puede tener respaldo dentro de un partido y enfrentar una realidad distinta entre el electorado en general.
La verdadera discusión será qué propuestas logran conectar con una sociedad que enfrenta problemas concretos de seguridad, empleo, inversión, salud, educación y desarrollo.
En tiempos de redes sociales, cada fotografía política puede convertirse rápidamente en una interpretación sobre alianzas, candidaturas o estrategias.
Sin embargo, quizá la lectura más sencilla sea también la más importante: Sinaloa necesita coordinación institucional y resultados.
La ciudadanía no distingue demasiado entre competencias municipales, estatales o federales cuando enfrenta un problema de seguridad. Lo que espera es que las instituciones funcionen.
La visita de la presidenta y los encuentros con funcionarios estatales y federales pueden tener distintas lecturas políticas, pero su importancia estará finalmente en los resultados que produzcan.
Sinaloa llega a este momento después de dos años difíciles. Las heridas de la violencia no desaparecen con una fotografía ni con una encuesta. Se necesita recuperar la tranquilidad, fortalecer la economía y devolver confianza a las familias.
Mientras los partidos comienzan a mirar hacia 2027, la sociedad seguirá atendiendo asuntos mucho más inmediatos.
Al final, las encuestas podrán registrar porcentajes y las fotografías podrán generar interpretaciones, pero la evaluación más importante ocurrirá en la vida cotidiana.
Ahí estará la verdadera medición: en las calles, en los negocios, en las escuelas y en los hogares.
Cuando llegue el momento de votar, serán los ciudadanos quienes expresen en las urnas lo que piensan del rumbo que tomó Sinaloa.




