“La mejor manera de encontrarte a ti mismo es perderte en el servicio a los demás”.
— Mahatma Gandhi
Hay personas que pasan por la vida ocupando espacios. Hay otras que se dedican a llenarlos de sentido.
Pienso en esto cuando observo la trayectoria del doctor José Casimiro Zamora Castro, un hombre que, desde muy joven, comprendió que el conocimiento tiene poco valor si no se pone al servicio de los demás.
Nació en Guasave el 18 de julio de 1978, en una familia de trabajo, esfuerzo y principios. Pero los datos biográficos por sí solos nunca alcanzan para explicar a una persona. La verdadera historia de Casimiro Zamora comienza mucho antes de los títulos universitarios, antes de los reconocimientos académicos y antes incluso de convertirse en médico.
Comienza en aquel joven inquieto que destacaba en olimpiadas de física, química y matemáticas; en aquel atleta que defendía con orgullo los colores de la Universidad Autónoma de Sinaloa; en aquel estudiante que entendió que la excelencia no era una meta, sino una forma de vivir.
No es casualidad que durante su juventud fuera distinguido con diversos reconocimientos al mérito juvenil, entre ellos el Premio Rafael Buelna Tenorio y el Premio Estatal de la Juventud. Los galardones llegaron porque antes existió el trabajo silencioso, la disciplina cotidiana y una convicción profunda: la de aportar algo útil a la sociedad.
Con el paso de los años se convirtió en médico, maestro, investigador y activista social. Pero más allá de los cargos, ha sido un constructor de causas.
Mientras otros ven problemas, él suele buscar soluciones.
Lo hizo cuando impulsó brigadas médicas en comunidades alejadas; cuando promovió campañas de prevención de adicciones; cuando trabajó en programas de salud sexual, prevención del cáncer y fortalecimiento comunitario; cuando fundó iniciativas orientadas a la paz social; y cuando imaginó que un simple globo de Cantoya podía convertirse en un símbolo colectivo de esperanza para Sinaloa.
Quienes lo conocen saben que detrás del académico existe un hombre profundamente comprometido con la realidad de su estado.
Por eso no me sorprende enterarme de que actualmente impulsa con especial énfasis un programa contra las adicciones en su natal Guasave. Una causa urgente en estos tiempos difíciles. Una batalla que requiere voluntad, conocimiento científico y sensibilidad humana.
Sé que busca coordinar esfuerzos con la diputada Martha Yolanda Dagnino Camacho para convertir esa iniciativa en una estrategia de mayor alcance. Ojalá lo logren. Y ojalá esa propuesta no se quede solamente en Guasave, porque los desafíos que representan las adicciones exigen respuestas integrales para todo Sinaloa.
Hay otro aspecto que merece destacarse.
Casimiro Zamora es investigador de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Sinaloa con reconocimiento oficial a nivel nacional. Dicho así parece una simple línea curricular. No lo es.
Quienes conocen el mundo académico saben que alcanzar ese nivel requiere años de estudio, producción científica, evaluación constante, disciplina intelectual y una enorme capacidad de sacrificio. No cualquiera lo consigue. Es una distinción reservada para quienes han demostrado de manera sostenida su contribución al conocimiento.
Sin embargo, quizá lo más valioso de Casimiro Zamora no sea su currículum.
Lo más valioso es que nunca ha perdido la capacidad de indignarse frente a los problemas sociales ni la voluntad de actuar para transformarlos.
En una época donde abundan los discursos y escasean los hechos, resulta reconfortante encontrar personas que siguen creyendo que la educación puede cambiar destinos, que la salud puede construirse desde la prevención y que la paz puede sembrarse desde la comunidad.
Dentro de unas semanas llegará un nuevo cumpleaños para este médico guasavense. Me adelanto a la fecha porque las buenas historias deben contarse cuando están sucediendo.
Y la historia de José Casimiro Zamora Castro sigue escribiéndose.
Todavía hay muchos proyectos por emprender, muchas causas por defender y muchas vidas por tocar.
Porque existen hombres que hacen de su profesión una forma de ganarse la vida.
Y existen otros, como Casimiro Zamora, que hacen de ella una manera de servir.




