La política también se lee en los gestos, en los silencios y en las bromas dichas al micrófono. En la inauguración de la calle Pedro Juárez de la Sindicatura de Villa Benito Juárez o Tamazula II, en Salvador Alvarado, el gobernador Rubén Rocha Moya no sólo vino a cortar un listón: vino a hacer memoria, a mandar mensajes y a colocar acentos políticos que no pasan desapercibidos. Y en el centro de ese mensaje estuvo, con nombre y apellido, el diputado Ambrocio Chávez Chávez.
Las palabras del gobernador no fueron casuales ni protocolarias. Al referirse a Ambrocio como “un digno representante” del Distrito 09 —Angostura, Salvador Alvarado y Navolato— y subrayar su papel como presidente de la Comisión de Hacienda Pública y Administración, Rocha Moya dejó claro algo fundamental: en la política real, la que aterriza obras y recursos, Ambrocio no es un espectador, es un operador clave. “Si les vamos a hacer algo aquí, porque ellos lo aprobaron”, dijo el gobernador, recordando que las decisiones de presupuesto también pasan por el Congreso y, en buena medida, por la comisión que preside Chávez.
Pero más allá de la función institucional, lo que dio tono al acto fue la cercanía humana y política entre ambos. El “no te pongas lurio”, dicho en medio de las alabanzas, provocó sonrisas y relajó el ambiente. No fue una frase menor: fue el reflejo de una relación forjada en décadas de lucha compartida, cuando ser de izquierda no era rentable, ni popular, ni cómodo. Rocha lo recordó con crudeza y honestidad: campañas en las que nadie salía de sus casas, actos armados con la misma gente que viajaba de comunidad en comunidad, derrotas acumuladas que, sin embargo, sembraron el terreno de lo que hoy es Morena.
En ese relato, Ambrocio aparece no como un político improvisado, sino como parte de una generación que entendió la política como resistencia, como terquedad histórica. Mientras el gobernador evocaba al PSUM, al PRD y a aquellos años en que “nadie nos creía”, también trazaba una línea directa con el presente: hoy esas luchas se traducen en derechos constitucionales, en pensiones garantizadas, en obras concretas y en una izquierda que gobierna.
El otro mensaje fue territorial. Rocha habló del Salitre, de Santo Tomás, de Angostura, de Guamúchil. Habló de pozos, carreteras y gestiones insistentes. Y ahí volvió a aparecer Ambrocio: el diputado que pide, que empuja, que “es muy orgulloso” de su distrito. En política local, ese orgullo suele ser una virtud: es el vínculo entre la demanda social y la decisión institucional.
Por eso, el contexto pesa. Entre elogios, remembranzas y el evidente cariño de la gente, se va dibujando un escenario que muchos ya leen con claridad: Ambrocio Chávez es uno de los activos más sólidos de Morena en la región y, todo indica, el nombre más natural para encabezar el siguiente proyecto municipal en Salvador Alvarado. No por imposición, sino por trayectoria, por confianza política y por una presencia que hoy se siente legítima.
A veces la política se anuncia con discursos grandilocuentes; otras, con una broma cómplice y una sonrisa a tiempo. En Salvador Alvarado, Rubén Rocha Moya hizo ambas cosas. Y Ambrocio Chávez, sin ponerse “lurio”, dejó claro que sabe esperar, caminar y estar donde la historia —y su partido— lo están colocando.




