¿Murió realmente en la miseria? El cantautor de “Me caí de la nube”, Cornelio Reyna Cisneros, falleció en 1997, a los 56 años, en la Ciudad de México, a causa de complicaciones de una úlcera estomacal.
Lejos de la realidad, no murió en la miseria como algunos creen por presentarse en cantinas de “mala muerte”.
Tampoco dejó de ser famoso; su popularidad se mantuvo a lo largo de su carrera y su fallecimiento no significó el ocaso de su trayectoria. Cierto es que tuvo altibajos, pero supo salir avante, y su legado se ha consolidado como una figura importante de la música mexicana.
Por cierto, en toda la Unión Americana su música sigue sonando fuerte, sobre todo en Houston, Texas, donde trabajó como albañil antes de ser famoso.

Años antes de su fallecimiento me tocó conocerlo y entrevistarlo en la capital sinaloense, precisamente en una de esas llamadas cantinas de mala reputación.
“Yo empecé en cantinas (El Cadillac, en 1961) y no me avergüenzo por ello —relata—; de hecho, en una de estas conocí a Ramón Ayala, con quien formamos Los Relámpagos del Norte, en Ciudad Reynosa, Tamaulipas”.
El también bajosextista y actor (Lágrimas de mi barrio), llegó a participar como protagonista en más de 30 películas y a realizar 60 grabaciones de música norteña y mariachi.
Se le recuerda por sus inolvidables filmes: El ojo de vidrio (1969), Valente Quintero, Lágrimas de mi barrio, entre muchos más.
Como dato curioso, Cornelio tuvo cuatro esposas y fue muy enamorado, fama que ganó a raíz de los papeles en sus películas y de su popularidad como artista del pueblo y para el pueblo.
Hasta aquí mi reporte y un saludo desde Las Cruces, Nuevo México, donde las estaciones de radio en español siguen colocando la música de Cornelio Reyna. Que en paz descanse.
