Más cerca de lo lejano y más lejos de lo cercano

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A corazón abierto
Por Fabiola Ordorica

¡Hola! Este no era el mensaje para mi columna esta semana, pero así como la vida misma, nos presenta cambios inesperados así es la necesidad de escribir y externar nuestro sentir. ¿Te imaginas levantarte una mañana, despertar a tu hijo, verlo desayunar , recoger sus cosas para ir a la escuela, tal vez se van y se te olvide darle un beso, tal vez pudiste darle un  abrazo y como siempre le dijiste que lo amas, o tal vez, lo habías regañado por alguna travesura. Y de pronto al paso de las horas te avisan que a tu hijo ya no lo podrás abrazar, besar, o regañar de nuevo? 19 niños asesinados y 2 maestros fue el resultado de un evento trágico y repulsivo en manos de un joven de 18 años que decidió quitarles la vida sin poder imaginarme los monstruos internos que cargaba para tomarse la atribución de terminar con unas vidas que estaban iniciando.

Me imagino que ya sabrán a lo que me estoy refiriendo. La matanza que se presentó en Texas, una noticia terrible, como madre y pediatra siento un profundo desasosiego y no me puedo imaginar  por lo que están pasando las familias que han sufrido tan terrible pérdida. Pero si volteamos a un nuestro entorno, no estamos exentos de tener ese tipo de desgracia, con los altos índices de violencia que se ha desatado últimamente ya nadie está libre de convertirse  en víctima, sé que es diferente el tipo de violencia a la que me refiero,  pero violencia es violencia y una vida es una vida .

Hay preguntas que andan por mi cabeza y algunas respuestas acuden inmediatamente sobre las posibles causas de semejantes tragedias. La pérdida de valores, la pérdida del respeto hacia la vida propia y la de los demás, la pérdida propia del sentido de la vida  .¿No se les hace extraño que en  este mundo tan interconectado,  donde un virus que emerge al otro extremo del mundo, puede en  poco tiempo extenderse y generar millones de muertes, y que  además, ha habido grandes avances en las comunicaciones logrando conquistar hasta el espacio, son estos los mismos avances , que hacen que estemos más incomunicados con nuestro propio entorno, con nuestra propia familia, con nosotros mismos? Estamos más cerca de lo lejano y más alejados de los cercanos.

En mi día a día, he visto un incremento alarmante de niños y adolescentes con niveles altos de estrés, ansiedad y depresión. Y cada vez los padres nos encontramos más ocupados, afanados en conseguir mejor situación económica y social para nuestros hijos  y nos estamos olvidando de su situación emocional. Los jóvenes se encuentran perdidos, con niveles de tolerancia a la frustración cada vez menor, y los niños, esos humanos miniatura que para mí son los mejores filósofos porque aún  conservan la capacidad de asombrarse y de hacerse miles de preguntas que a veces ni nosotros tenemos la respuesta, están perdiendo esa esencia por que los estamos confinando a un entorno que les quita la capacidad de imaginar, soñar y aprender de la vida misma , porque todo lo tienen a la mano, y cuando digo que lo tienen a la mano me refiero a un equipo electrónico que los emboba y los adormece.

Bien dice Huxley en su libro ´Un mundo feliz´, los hechos no dejan de existir porque se ignoren. Es un hecho que necesitamos comunicarnos más con nuestros jóvenes, ves a tu hijo bien pero ¿sabes si en realidad está  bien? ¿Qué monstruos internos  los estarán atormentando que no nos damos por enterados? Y de pronto se comenten atrocidades y nos quedamos perplejos, en shock, sin saber la causa y dejamos que la sociedad culpe a un joven de 18 años (y sí, es culpable porque él fue el que jalo del gatillo), pero este joven es producto de la sociedad en que vive.

Me da tristeza pensar en los que perdieron a esos seres inocentes, esos niños que pensaron que regresaría a casa, a la seguridad de su familia, a jugar con sus hermanos, con sus perritos, a ser abrazados y besados por sus padres, sus abuelos, tíos. No solo ellos perdieron algo, el mundo perdió 19 seres que podrían haber hecho un mundo mejor y 2 adultos que dejaron en luto permanente a sus familias. Deberíamos tomar esto como ejemplo y vernos en ese espejo y  buscar a nuestros hijos, abrir esas puertas cerradas de su habitaciones, amarlos, escucharlos, abrazarlos, pero también enseñarlos a ser fuertes mentalmente haciéndolos responsables por sus actos, dejándolos que sufran fracasos pero siempre apoyándolos.

Enseñemos a nuestros hijos a buscar el sentido de la vida, ese sentido que hasta nosotros como adultos hemos perdido. 

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