¿Cómo afecta la obesidad a la hora de tener relaciones sexuales?

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Las alteraciones vasculares y metabólicas pueden causar disfunción eréctil en hombres y disfunción sexual femenina.

Además de haber sido bautizada como ‘la Woody Allen del siglo XXI’, Lena Dunham, creadora y protagonista de la mítica serie Girls, ha pasado también a la historia (al menos a la historia de la televisión) por vivir su sobrepeso y su sexualidad de la manera más honesta y libre posible. Inspirándose en su propia autobiografía y a través del personaje de Hannah Horvath, esta actriz y guionista estadounidense no tuvo problema en desnudarse en numerosos episodios de sus seis temporadas para abogar por los cuerpos no normativos, defender un sexo nada estilizado y un apetito (sexual) insaciable.

Sin embargo, fuera de cámara, la realidad es bastante distinta. Aunque no puede considerarse una regla de tres ni afecta, por supuesto, a todas las personas con exceso de peso, los estudios realizados hasta la fecha señalan una relación directa entre los trastornos asociados a la obesidad y una vida sexual más limitada.

El sobrepeso y, sobre todo, la obesidad es un factor que afecta tanto a las ganas de practicar sexo como a la propia autoestima y que se manifiesta en un alto porcentaje de hombres y mujeres. En la actualidad, un 25% de la población en España es obesa o tiene problemas de sobrepeso y según un reciente estudio del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, el pronóstico para la próxima década resulta bastante desolador: en 2030 podría haber en nuestro país un 80% de hombres y un 55% de mujeres obesos.

No está por tanto de más abordar cómo la obesidad puede influir en la respuesta y la vivencia sexual de todas estas personas así como las principales consecuencias que acarrea según los especialistas:

Disfunción eréctil y disfunción sexual
Las alteraciones vasculares y metabólicas relacionadas con el sobrepeso (hipertensión arterial, colesterol…) pueden causar disfunción eréctil en hombres y disfunción sexual femenina, tanto por la propia enfermedad como por algunos de los medicamentos que se utilizan como los antihipertensivos. Además, la obesidad es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar diabetes tipo 2. Cuando hay resistencia a la insulina descienden también los niveles de la testosterona lo que producen también problemas para lograr la erección. Según los expertos, en las mujeres esta misma patología lleva consigo un aumento de las infecciones vaginales por hongos y una disminución del flujo sanguíneo del clítoris, lo que reduce la excitación y la capacidad para llegar al orgasmo.

Disminución del deseo sexual
Se ha comprobado que el aumento de grasa corporal provoca una disminución de los niveles de testosterona lo que produce, en consecuencia, una disminución del deseo sexual (ya que es la hormona encargada de regularlo). Además la apnea del sueño, alteración asociada con frecuencia al sobrepeso y la obesidad, también se relaciona con disfunciones sexuales.

Pérdida de autoestima
El aspecto psicológico también representa un factor importante en este descenso de la sexualidad. Cuando una persona está convencida de que no se adecúa a los modelos estéticos del juego de la seducción baja la autoestima y la aceptación del cuerpo y tienden a reducirse o directamente rechazarse los encuentros de pareja.

Encuentros sexuales más limitados
Si la capacidad para el ejercicio cardiovascular se reduce a consecuencia de los problemas de peso resulta también más complicado tener encuentros sexuales apasionados y largos así como llevar a cabo determinadas posturas.

Problemas reproductivos
La obesidad también afecta a la reproducción. En mujeres está asociada con el aumento de la probabilidad de padecer ovarios poliquísticos, lo que dificulta el embarazo. Y en el caso de los hombres, los espermatozoides son mucho más lentos.

¿Se puede mejorar?
Las alteraciones que la obesidad causa en la vida sexual pueden ser reversibles si se busca ayuda de un especialista y se ponen en marcha tratamientos globales como una dieta equilibrada, ejercicio físico, fármacos e, incluso, cirugía. Los expertos inciden en que no solo debe tratarse por las disfunciones sexuales que van asociadas sino por tratarse de una enfermedad muy grave.

Contar con apoyo de un psicólogo también puede ser clave para tratar la baja autoestima, la aceptación de uno mismo y otras patologías relacionadas con el aspecto psicológico.

Además, se aconseja vivir una sexualidad que vaya más allá del propio coito, buscar prácticas sexuales que se adapten a la obesidad y dar rienda suelta a la fantasía y el erotismo.

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