Todos los oficios son respetables, aunque algunos no sean respetados, como los árbitros de futbol, condenados a que la turba les recuerde a sus mamacitas por la anulación injusta de un gol; y los picadores de toros que tienen por encomienda ahormar la cabeza del toro para que la baje y humille al embestir, dando mejor ritmo y elegancia a la faena.
Cuando el picador abusa de la puya para detener la furiosa embestida contra el peto del viejo caballo, con intención criminal de destriparlo con las astas, los taurinos le avientan botes de cerveza, mentadas y orines cuando regresa al zaguán de caballos. Es, ni a dudarlo, una profesión sufrida.
Ser soldado, en cambio. se distancia de ambas cuando emerge una frase que lo cambia todo: La Patria es Primero, atribuida a Vicente Guerrero cuando su padre le suplicó que dejara las armas y volviera al camino de la obediencia.
Guerrero respondió: -mire padre, entiendo su preocupación, pero la Patria es Primero-.
Sea cual fuere la exactitud de aquella escena -que a mi, por lo demás, me parece fantástica-, la frase resume una idea que inyecta el más profundo patriotismo en jóvenes que entienden, con razón o sin ella, que la Patria no es posible sin ellos. Y ese reto exige un sacrificio supremo.
¿Qué puede llevar a un muchacho de 20 años a meterse a un empleo donde la disciplina empieza antes del amanecer, la incertidumbre lo acompaña 24/7 y la adversidad -en todas sus formas- solo se supera con lo que algunos llaman vocación de servicio.
No quiero imaginar la invasión de un ejército extranjero que sorprenda a nuestra tropa abasteciéndose en un OXXO, durmiendo dentro de las patrullas o sobre colchonetas en canchas de basquetbol o salones de clase a 33 grados y sensación de 46.
No es una película de guerra, es la realidad con la que una parte de nuestro ejército enfrenta al poderoso crimen organizado que tiene dinero, información, armas, tecnología, vehículos, capacidad de desplazamiento, buena alimentación, mejores condiciones de descanso y que -además- el factor sorpresa juega a su favor.
La delincuencia opera como una fuerza irregular, una réplica de la guerra urbana de guerrillas: se dispersa, embosca, cambia de posición y vuelve a aparecer; utiliza drones, explosivos, vigilancia y comunicaciones con tecnología de punta (en Culiacán tenían su propio C-4). La tropa, mientras tanto, carga con un pesado equipo y las limitaciones de una logística que parece no estar a la altura de la misión.
Y aquí aparece una inquietud que se hacen muchos mexicanos y sinaloenses:
- Si el Ejército y la Marina tienen la capacidad operativa para enfrentar a las organizaciones criminales, ¿por qué no reciben la orden que les permita hacerlo con todas las capacidades del Estado m cu año a su disposición?
Amor con amor se paga…
Por reglamento, la tropa no puede recibir apoyo de los ciudadanos bien intencionados que quieren agradecer la protección con agua o unos tacos. Es prevención estratégica, si, pero los mandos no sustituyen está prohibición con otras opciones, como pudiera ser la logística invisible colombiana que tiene bien aceitada la maquinaria de la primera línea de fuego de su milicia.
Mientras les cae el veinte a quienes toman las decisiones, lo menos que podemos hacer los ciudadanos es respetar y agradecer a estos muchachos que no pasan de 25 años -algunos con familias- que todos los días salen a patrullar para proteger a personas que ni conocen.
Saludos cordiales
MM




