A la sombra del tinaco: cinco días sin una gota en la prolongación Francisco Zarco
La paradoja duele más que la sed. En la colonia Rosales, a unos cuantos metros del gran tinaco de la JAPAC, esa mole que guarda el agua para medio Culiacán, viven los vecinos del callejón olvidado. Y llevan cinco días sin agua. Cinco.
Se llama prolongación Francisco Zarco, pero todos ya le dicen “el callejón olvidado”. Y no es metáfora. Es literal. Están pegados a la subestación de la JAPAC, a la fuente misma. Escuchan como entra el agua, como zumban las bombas, como se llena el tanque que le da vida a otras colonias. Pero a ellos, no les cae ni una gota.
Doña María guarda el agua de hace tres días en una cubeta ya turbia para poder jalarle al baño. Los niños no se han bañado para ir a la escuela. Los trastes se apilan con grasa seca. El calor de Culiacán no perdona y el olor a drenaje empieza a subir porque ni siquiera hay agua para limpiar.
“Es una burla”, dice un vecino con dos garrafones vacíos al hombro. “Tenemos la fuente aquí, a un lado. La vemos todos los días. Y nosotros tenemos que ir a pedirle a la pipa, a comprar garrafones, a ver cómo le hacemos. ¿Cómo le explicas eso a tus hijos?”
No es un tema de sequía. No es que no haya agua en la ciudad. Es que no hay presión, no hay mantenimiento, no hay voluntad para abrir una válvula. Es la indolencia en su forma más pura: tener el agua a diez metros y morir de sed.
Cinco días sin poder cocinar dignamente. Cinco días sin lavar ropa. Cinco días cargando cubetas bajo el sol de 38 grados. Cinco días viendo el tinaco lleno.
Ojalá esta nota llegue a las oficinas refrigeradas de la JAPAC. Ojalá alguien se apiade. Porque el agua no es un lujo, es vida. Y en la prolongación Francisco Zarco, la vida se está secando, justo al lado de donde se guarda.




