Acarreo y muerte: la postal real de la visita presidencial

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La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo vino a Sinaloa. Estuvo con sonrisas, discursos y eventos oficiales en Mazatlán, San Ignacio y Culiacán. Su gira fue presentada como un gesto de gobernabilidad y atención a la inseguridad que azota la entidad. 

Lo que no nos contaron con cifras fue lo que sí ocurrió entre bambalinas: camiones que llegaron desde distintos municipios para llenar plazas y garantizar aplausos, cierres viales que desorganizaron la movilidad cotidiana y una logística de acarreo que terminó afectando a ciudadanos que solo querían llegar a sus trabajos o volver a sus casas.

No es un detalle menor. Cuando el poder necesita reforzar una narrativa, no deja nada al azar. Se organizan contingentes, se revisan listas y se usan recursos públicos para asegurar una postal amable. Y todo eso se justificó oficialmente con el argumento de que se está “mejorando la seguridad”.

Pero la realidad tangible fue otra.

El viernes 27 de febrero de 2026, justo en Mazatlán —el mismo día en que Sheinbaum encabezó su conferencia matutina desde la III Región Militar y luego viajó a otros municipios— fue hallada asesinada en su domicilio Rubí, una madre buscadora integrante del colectivo Corazones Unidos por una Misma Causa. Su cuerpo presentaba lesiones que, según las primeras investigaciones, habrían sido causadas con arma punzocortante. 

Que un homicidio de esa naturaleza ocurra mientras la jefa del Ejecutivo nacional está en Sinaloa, encabezando actos públicos y presumiendo avances en seguridad, no puede entenderse como una coincidencia política. Es una bofetada a quien confía en el Estado para la protección de su vida y de su familia, y representa un símbolo doloroso de impunidad para quienes buscan justicia en un territorio donde la violencia ha permeado estructuras sociales y familiares. 

La narrativa oficial se empeña en resaltar porcentajes y supuestos descensos estadísticos. Pero esos números se construyen desde un punto de comparación conveniente. Eso no cambia que la percepción y, sobre todo, la experiencia ciudadana sigan siendo de miedo, precariedad y vulnerabilidad.

Mientras se habla de reducción de homicidios con discursos triunfalistas, una madre que buscaba a su hijo desaparecido terminó asesinada en su propia casa en el corazón de Mazatlán. 

Las familias sinaloenses no necesitan porcentajes acomodados ni eventos bien organizados con acarreo incluido. Necesitan resultados reales, estrategias que no se basen solo en buenas fotos y discursos bonitos, y, sobre todo, seguridad efectiva que llegue a todos los rincones del estado.

Porque cuando la política se preocupa más por llenar sillas que por proteger vidas, la gente lo nota.

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