A partir de marzo comenzará a implementarse en Sinaloa la licencia permanente, según lo ha anunciado el gobernador Rubén Rocha Moya. El nuevo esquema contempla un pago único equivalente a 18 UMAS —aproximadamente 2 mil 400 pesos— para automovilistas y motociclistas particulares que deseen dejar atrás la renovación periódica. En el papel, la medida representa simplificación administrativa y ahorro a largo plazo.
Entre los puntos a favor, es evidente que elimina filas recurrentes, reduce trámites y ofrece certeza a quienes cumplen con los requisitos. También puede significar un alivio económico en el tiempo, al evitar pagos cada tres o cinco años. En una entidad donde la movilidad cotidiana es parte esencial de la dinámica laboral y familiar, quitar cargas burocráticas siempre suma.
Pero también hay matices. El desembolso inicial no es menor para muchas familias. Además, la licencia no es absoluta: puede ser suspendida o revocada ante faltas graves, y su expedición estará sujeta a lineamientos específicos. La verdadera prueba estará en los filtros, los exámenes y la vigilancia para garantizar que simplificar no signifique relajar estándares de seguridad vial.
En este contexto, vale recordar que en 2024 el Partido Acción Nacional ya había presentado una iniciativa para crear la licencia permanente en Sinaloa. Aquella propuesta contemplaba no aumentar el costo para los ciudadanos y también planteaba la posibilidad de que el documento pudiera emitirse en formato digital, como parte de una estrategia más amplia de modernización. Esos elementos no fueron incorporados en el dictamen que finalmente prosperó.
Mencionar ese antecedente no cambia la realidad de que la licencia permanente entrará en vigor. Pero sí aporta perspectiva al debate. Porque cuando se construyen políticas públicas, no solo importa el qué, sino el cómo. Y en ese “cómo” caben decisiones sobre costos, accesibilidad y herramientas tecnológicas que pudieron haber ampliado el beneficio.
La licencia permanente puede representar un avance administrativo. También puede generar discusión legítima sobre su implementación. Lo importante es que, más allá de la narrativa política, la medida termine traduciéndose en orden, seguridad y verdadero beneficio para las y los sinaloenses.





