Hay fechas que no se escriben en el calendario: se escriben en el pecho. El 14 de febrero, mientras el mundo habla de flores y promesas, en Sinaloa pronunciamos nombres. Y al pronunciarlos, los traemos de vuelta.
Hoy es el natalicio de Luis Enrique Ramírez Ramos (14 de febrero de 1963 – mayo de 2022). Periodista de convicciones firmes, fundador y director de Fuentes Fidedignas, hombre de redacción y de calle, de libreta abierta y conciencia despierta. Extrañamos su voz porque no era eco: era rumbo. Extrañamos su palabra porque no era adorno: era ancla.
Volvió a su casa de trabajo, El Debate, el 14 de mayo de 2017; desde el 15 de julio de ese año sostuvo su columna diaria, EL ANCLA, como quien sostiene una lámpara en medio de la tormenta. Dedicado 24/7 a lo que le apasionaba, el periodismo fue para Luis Enrique una forma de amar a su tierra. Estudió en la Escuela de Comunicación Social “Lic. María Teresa Zazueta” (1979-1984), y antes en la ETI 23 y la Preparatoria Cervantes; pero su verdadera universidad fue la realidad sinaloense, con sus luces y sus sombras.
“Un periodista no se arrodilla ante el poder; se inclina ante la verdad”, solía decir con su ejemplo. Su asesinato en mayo de 2022 nos dejó un silencio que todavía duele. Pero hay silencios que germinan memoria. Y la memoria, cuando es digna, es una forma de justicia.
Este 14 de febrero también recordamos al doctor Luis Miguel Pérez Leal, quien partió un día como hoy, en 2011. Médico familiar del IMSS en Culiacán, humano y eminentemente social, investigó la salud mental y esos síntomas que duelen sin tener causa física aparente. Colaboró en la Comunidad de Sinaí con el Padre Andrés Cárdenas Coronel y tendió la mano a quienes luchaban contra las adicciones y las heridas emocionales. “Curar es escuchar”, repetía en su trato cotidiano. Su consulta era más que un consultorio: era un refugio.
Y como si el destino tuviera una inclinación por esta fecha, un ex gobernador de Sinaloa nació y murió un 14 de febrero: Alfredo Valdés Montoya. Nacido en la villa de Ahome el 14 de febrero de 1920, falleció en Culiacán el día de su cumpleaños en 2014. Economista formado en la Universidad de Guadalajara, su vida cerró el mismo día en que comenzó. Hay biografías que parecen círculo perfecto; la suya fue una de ellas.
Tres historias unidas por una fecha. Tres latidos que nos recuerdan que la vida no se mide en años, sino en huellas. Luis Enrique nos enseñó que la verdad es una forma de valentía; el doctor Pérez Leal, que la empatía es una forma de ciencia; Valdés Montoya, que el servicio público es una forma de trascendencia.
Hoy no hablamos de ausencia, sino de permanencia. Porque hay hombres que no se van: se vuelven brújula. Y cada 14 de febrero, cuando el calendario insiste en el amor, nosotros respondemos con memoria. Porque recordar también es amar.




