El STASAC ha cruzado, otra vez, la línea del cinismo. Y lo hace a plena luz del día, desde oficinas públicas, utilizando recursos públicos y bajo la complacencia —cuando no complicidad— de quienes deberían ser garantes de la legalidad. La reciente circular enviada para “garantizar la neutralidad institucional” no es más que un documento que sirve para perseguir opositores mientras el grupo en el poder convierte el Ayuntamiento en su centro de operaciones político-sindical.
El colmo: la misma Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal que tardó 20 días en retransmitir la circular del 15 de octubre, ahora presume un exhorto rígido, lleno de advertencias legales, firmado por Víctor Manuel Angulo Castro. Muy solemne él, recordando que está prohibido usar instalaciones, vehículos, equipo y horario laboral para hacer campaña sindical. Una pieza de burocracia impecable… en el papel.
Porque en la realidad, esa circular solo aplica para quienes no son del color amarillo. A los simpatizantes del rojo de Olmes Homar Salas Gastélum, del tinto de Zayda Janeth Flores Manjarrez o del blanco de Manuel Alfonso Espinoza Ramos, se les exige puntualidad casi militar y se les espía el horario para evitar cualquier movimiento. Pero los protegidos de Julio Enrique Duarte Apán —que busca mantenerse por tercera ocasión al frente del STASAC— gozan de una impunidad que insulta.
Las pruebas están ahí, públicas, descaradas: fotografías en horario laboral, reuniones dentro de las oficinas, promoción abierta del dirigente y de su exjefe y actual cacique sindical, Salvador Flores. Mientras la circular amenaza con responsabilidades administrativas, ellos posan sonrientes, seguros de que nada les pasará.
El caso más emblemático es el de Marielos Sandoval Ponce, delegada del STASAC en la Secretaría de Seguridad Pública. No checa, no cumple funciones, opera políticamente a favor de Julio Duarte desde su escritorio y con permiso del administrador Arturo Aldapa Zazueta y del propio Víctor Manuel Angulo Castro, el mismo que firma el documento que ella viola todos los días. Un contrasentido que raya en lo grotesco.
“Al parecer los jefes se pasan el circular por el arco del triunfo”, comentan trabajadores indignados. Y con razón. Porque mientras a unos se les exige licencia sin goce de sueldo, a otros se les abre la puerta de par en par para hacer proselitismo desde donde debería imperar la legalidad.
La Secretaría de Seguridad Pública ha sido convertida en una sucursal del STASAC y, peor aún, en una extensión de la oficina de campaña de Julio Duarte. Y esto no es un caso aislado: llegan fotografías de paramunicipales, consejos y otras áreas donde la vida administrativa se detuvo para dar paso a reuniones en plena jornada laboral con el dirigente y su corte sindical.
El STASAC convierte oficinas públicas en cuarteles de campaña. La farsa de la neutralidad en el STASAC queda al descubierto. La legalidad es selectiva y el proselitismo amarillo sigue impune. Es evidente que en la dirigencia del STASAC, la ley se aplica solo para sus enemigos porque la libertad y la impunidad del poder es para los suyos.
La simulación ya no engaña a nadie. El discurso de legalidad se usa como garrote contra la disidencia, mientras las reglas se doblan y se rompen para favorecer al grupo en el poder. Así opera un sindicato que perdió el rumbo, que olvidó su misión y que hoy se aferra a un liderazgo enquistado.
El problema no es la circular. El problema es que la ley, en el STASAC, solo existe para castigar a los opositores. Para los demás, el poder es carta blanca.




