Abrazo en España y las sombras en Sinaloa

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Todavía podemos recordar aquel gesto de sorpresa —mitad desconcierto, mitad diplomacia contenida— de Rubén Rocha Moya cuando Andrés Manuel López Obrador anunció que Quirino Ordaz Coppel sería embajador de México en España.

La escena quedó marcada como uno de esos episodios donde la política confirma que las puertas nunca se cierran del todo… solo cambian de edificio.

Rocha apenas era gobernador electo. Quirino todavía ocupaba el Palacio de Gobierno. Nadie imaginaba entonces que, años después, el exmandatario sinaloense aparecería en la portada del periódico El País —el diario más influyente del mundo hispano— recibiendo un abrazo del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tras un reconocimiento histórico: España admitiendo el “dolor e injusticia” causados a los pueblos originarios de México.
No es menor. No lo había hecho nunca. No con ese lenguaje.
Y ahí está Quirino, en el cuadro, en el momento, en la historia.

Pero la imagen tiene una sombra.
Mientras en Madrid el embajador aparece como figura puente, como moderador de tensiones y facilitador de gestos diplomáticos largamente postergados; en Sinaloa su nombre sigue ligado a cuentas por aclarar, a esfuerzos fiscales inconclusos, y a un malestar que no termina de apagarse. Para una parte importante de la opinión pública, el reconocimiento internacional no borra los pendientes domésticos. Y no tiene por qué hacerlo.

La política, sin embargo, tiene sus ironías:
En España, Quirino representa al Estado mexicano.
En Sinaloa, aún representa preguntas sin respuesta.
Este contraste es lo que vuelve tan significativo el momento.
No porque esclarezca nada, sino porque lo complejiza.

El gesto de Albares —y la reacción de Claudia Sheinbaum, que lo llamó “un primer paso”— abre una nueva etapa entre México y España. Una etapa más sobria, menos visceral, más dispuesta a nombrar el pasado sin miedo. Y Quirino, guste o no, ha sido el funcionario que estuvo ahí cuando ese puente volvió a construirse.

¿Eso lo redime?
No. La historia nunca concede absoluciones automáticas.
Pero sí reubica su figura en un tablero más amplio

Los gobernadores suelen pensar su legado en términos de obra pública; los políticos, en términos de permanencia en la conversación nacional. Algunos lo logran desde la tribuna. Otros desde el arte de conservar silencios oportunos. Quirino, que gobernó con fiesta, cercanía y cálculo, ha terminado jugando en otra liga: la de la diplomacia de las presencias.
Mientras en Sinaloa se discute lo que dejó, en Madrid se observa lo que representa.
A veces, el futuro se escribe en dos ciudades a la vez.

Sin embargo, en política, la imagen puede viajar más rápido que la memoria, pero nunca más lejos que la verdad. Y tarde o temprano —ya sea en Madrid o en Culiacán— la historia no perdona.

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Nacional CONADE: Sinaloa arranca con resultados y suma medallas en tiro deportivo

GUADALAJARA, Jalisco._ La delegación sinaloense continúa destacando en la disciplina de Tiro Deportivo dentro...

Muere Eduardo Lamazón, don ’Lama, Lama, Lamita’, comentarista de boxeo, a los 70 años

Se convirtió en uno de los comentaristas y analistas de boxeo más conocidos del...

Dámaso Castro sigue en funciones como vicefiscal, confirma FGE

Culiacán, Sinaloa.- La Fiscalía General del Estado de Sinaloa informa que el Vicefiscal General,...

Yeraldine Bonilla toma protesta a nuevos funcionarios en la SGG y el Despacho

Pablo Francisco Bedoya se encargará del Despacho de la Secretaría General de Gobierno y...

Reconstruir la seguridad desde la cultura: Andraca Dumit

Hay hombres cuya vida no se mide en años, sino en responsabilidades asumidas. Así...

Identidad cognitiva y pensamiento crítico en la era de la inteligencia artificial

Hay una pregunta que los filósofos han aplazado con distintos pretextos a lo largo...

El ruido que tú llamas pensamiento

Hay un ruido constante. No el ruido de afuera sino el de adentro. El...