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  • “El reportero metiche”: un texto de Elena Poniatowska sobre Luis Enrique Ramírez

    “El reportero metiche”: un texto de Elena Poniatowska sobre Luis Enrique Ramírez


    Retomado de Rafael Cabrera / Aristegui Noticias:

    Rescatamos algunos fragmentos del prólogo “El reportero metiche” que escribió Poniatowska para el libro “La muela del juicio” (Conaculta, 1994), de Ramírez, quien fue asesinado este jueves 5 de mayo en Culiacán, Sinaloa. En dicho libro, el reportero publicó entrevistas a Chavela Vargas, Elena Garro, Manuel Álvarez Bravo, José López Portillo, Gabriel Figueroa, Isela Vega y más personajes de la cultura mexicana.

    Luis Enrique Ramirez es norteño, alto, 1.86 de estatura, de cabello muy tupido y muy negro, ojos negros, cejas negras, a veces intenciones negras y sonrisa entre seráfica y luciferina. Presume de ser malísimo porque su hobby es hablar mal de la gente y encontrar sus puntos débiles o por lo menos chuscos, pero es el primero en correr a la cabecera del amigo enfermo que inmediatamente piensa que lo va a asfixiar con la almohada, cuando lo único que Luis Enrique pretende es salvarle la vida para seguirse riendo de él. Vive con una gata mudita que recogió en Tlatelolco y con ella se esconde del mundo opresor en medio de los multifamiliares. Escribe en una lap-top tan importante para él que hasta nombre le puso, Miss Jujú, mientras que pobre gata sigue sin ser bautizada.

    Luis Enrique es culichi porque nació en Culiacán, Sinaloa. Allá se inició en el periodismo a los 17 años, en El Diario, estuvo después en El Debate y comenzó a hacer entrevistas en el Noroeste. Cuando le dio por hacer viajes a la capital, siempre se hospedaba en el Hotel Regis. La primera vez vino con su hermano Juan Carlos -más alto que él y todavía más flaco- en camión Tres Estrellas de Oro de segunda clase, entre gallinas, puercos y olor a chilorio, machaca y chorizo. Tras las 24 horas у de carretera, llegó en calidad de jerga y nadie lo levantó. “Venimos a conocer”, dijeron. Creían que la ciudad de México se componía de La Villa, Chapultepec, la Alameda y el Zócalo.

    La segunda vez era estudiante de periodismo de la Escuela de Comunicación Social de Sinaloa y participó en un congreso en la escuela Carlos Septién García con su maestra María Teresa Zazueta. Ella lo llevó al teatro, recorrieron museos y galerías, asistieron a conciertos, compraron libros católicos y después de admirar el mural de Diego Rivera en el Hotel del Prado se tomaron un chocolate caliente en el Super Leche con Alejandro Avilés. Las fachadas del Paseo de la Reforma estaban tapizadas de carteles de la Marcha del Orgullo Homosexual; era la efervescencia del Gay Power en México, es decir en la ciudad de México porque en el norte no sabían ni con qué se comía esa cosa. “¡Vamos, vamos!”, exclamó Luis Enrique, y su madre-maestra lo reprendió: “Óyeme, qué moderno saliste”.

    (…)

    Una noche antes de regresar a Culiacán me llamó, me cubrió de elogios y sin esperar respuesta colgó; yo me quedé con el auricular en la mano esperando más. Para entonces él ya tenía decidido que esta ciudad que a todos nos parece tan horrible sería la suya: él era de asfalto, de neón y de muchedumbres solitarias, el smog le resultaba más estimulante que el vigoroso aire del norte, el cantadito tepiteño le parecía dulce al lado del golpe verbal del acento sinaloense.

    En 1988 emigró apoyado por Abraham García Ibarra quien le dio hospedaje en su casa y luego le consiguió un cuarto de azotea en la calle de Providencia, en la colonia del Valle. Como aquella diminuta habitación carecía de ventanas, Luis Enrique no tuvo otra que asomarse a las redacciones de los diarios capitalinos. En Excélsior le ofrecieron reportear para Últimas Noticias pero tenía que levantarse a las 4 de la mañana y aguantó un solo día. Se fue a El Financiero y tras un riguroso examen fue aceptado como corrector de galeras. Harto de trabajar de noche (de 9 a 4 de la mañana: horario de talleres), tenía decidido renunciar y regresarse a su tierra, pero un amigo le consiguió una oportunidad en la naciente sección cultural de ese diario. Víctor Roura lo puso a prueba un mes y resolvió darle el puesto de reportero. “Usted es para hacer entrevistas, maestrísimo”, le dijo moviendo su melena frente a una copa de ron añejo.

    Luis Enrique habría de contarme más tarde: “Si algún momento he sido plenamente feliz en lo profesional ha sido allí. Víctor Roura fue un gran jefe. No regañaba, no gritaba, no prohibía, sólo estimulaba. Y respetaba”. Con aquel eficaz método, Roura pronto hizo de aquéllas las mejores páginas culturales del periodismo mexicano. Permitió brillar a Luis Enrique Ramírez, quien publicó allí entrevistas memorables.

    (…)

    Yo lo quiero mucho porque es muy noble, me da mucha alegría, es bonito verlo llegar bañadito y con sus camisas bien planchaditas por él mismo. Su pulcritud alcanza a su escritura, revisa sus textos casi neuróticamente para evitar cualquier arruga, cualquier doblez, los rocía y los plancha con esmero, y aún así, al verlos publicados dice “Chingüentes, se me fue esa coma!”. También así repasa a sus entrevistados, analiza sus respuestas, los observa y los desmenuza y a algunos hasta los encuera (en sentido figurado, por supuesto). Nunca había conocido periodista más obsesivo. De ahí tal vez sus continuas depresiones y sus interminables melancolías. Atraviesa a sus interlocutores y los adivina antes de que respondan. Creo que entre los jóvenes es el mejor, el más fino, el más perceptivo, el más talentoso de los periodistas. Y, desde luego, el más encantador.

  • Entre el mito y la escritura: Elena Poniatowska cumple 90 años y recibirá reconocimiento

    Entre el mito y la escritura: Elena Poniatowska cumple 90 años y recibirá reconocimiento

    Los rumores y los señalamientos que se le han hecho a la escritora han sido parte de su vida, aunque hoy en día muchos de ellos no se sabe si son reales o no

    Ciudad de México.- Elena Poniatowska ha escrito cuentos, novelas y algunas de las crónicas más importantes del siglo XX, obteniendo gran cantidad de reconocimientos por su obra, que la ha convertido, merecidamente, en una de las figuras fundamentales de las letras latinoamericanas; sin embargo, también se ha hecho conocida por sus escándalos.

    Pero para empezara a hablar de la literatura de Poniatowska, sería bueno recordar por qué eta mujer, que nació en París el 19 de mayo de 1932, llegó a México.

    Hélène Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowska Amor es la hija de la mexicana Paula Amor y del príncipe franco polaco Jean Joseph Évremond Sperry Poniatowski. Sus padres escaparon de Europa tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y llegaron a América Latina sin ningún conocimiento del idioma español.

    Después de permanecer en México durante un tiempo, sus padres enviaron a la pequeña Elena y a su hermana, a un internado en los Estados Unidos, donde, ha asegurado la escritora, lo único que aprendió fue a rezar.

    Después de tres años por fuera de México, regresó al país para estudiar la carrera de medicina; sin embargo, no pudo revalidar sus estudios y se decidió por el periodismo.

    Poniatowska empezó a trabajar en el periódico Excelsior, donde firmaba sus crónicas como Hélène; después, durante un año, escribió una entrevista cada día, en las cuales indagó en la intimidad de famosos personajes mexicanos como Silvia Pinal, Dolores del Río, Amália Rodríguez, Juan Rulfo, María Félix, entre otros de sus contemporáneos. Después trabajó en Novedades y La Jornada y en 1968 se casó con el astrofísico mexicano Guillermo Haro.

    La literatura de Poniatowska
    Uno de los primeros trabajos realizados por la escritora fue el libro de cuento Lilus Kikus (1962), Todo empezó el domingo (1963), Hasta no verte Jesús mío (1969), como los primeros trabajos con los que se dio a conocer. Sin embargo, fue con La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral (1971) con que ganó reconocimiento internacional. Su último libro fue El Amante Polaco, publicado por la editorial Seix Barral en 2019.

    Y a pesar de haber llevado una vida con muchos artistas y escritores de renombre a nivel internacional también estuvo envuelta en varios escándalos, desde un plagio al escritor Luis González de Alba hasta un abuso por parte del escritor Juan José Arreola e incluso el apoyo al actual presidente de México Andrés Manuel López Obrador.

    Los escándalos de Poniatowska

    En el 2016 se suicidó el escritor y activista de la comunidad LGBT Luis González de Alba, pero uno de los mensajes que dejo fue en contra de la escritora Elena Poniatowska.

    La noche de Tlatelolco fue escrito por Poniatowska y Los días y los años por González de Alba. Estos dos libros se publicaron el mismo año hecho por el cual el escritor siempre atacaba a Elena, mencionando que tenía errores y que se quitara su testimonio.

    En varias entrevistas donde Elena habló del tema, mencionó que ella creyó en los testimonios que le brindaron las personas en su libro sobre la matanza de estudiantes, sucedido el 2 de octubre de 1968, pero que nunca lo escribió de manera malintencionada.

    Otro de los escándalos que enfrentó la autora fue cuando hizo pública su denuncia de cuando fue abusada por el escritor Juan José Arreola en 1954, siendo que ella tenía 23 años y él 37.

    “Yo no sabía lo que era un seductor y él lo era con sus alumnas”, mencionó en una entrevista con El País. Pero después de que pasaron seis décadas ella decidió contarlo en su libro El Amante Polaco donde cuenta lo sucedido sin dar nombre del agresor.

    Al día de hoy la escritora y periodista Elena Poniatowska ha estado dentro del ojo crítico de muchas personas: tanto de la vida política como de la cultural, pues en muchas de estas ocasiones se ha podido defender, pero en otras no tanto como fue la vez que la escritora cometió el error de adjudicar el poema Instantes al escritor argentino Jorge Luis Borges en el libro Borges y México en un ensayo firmado por Poniatowska, obligando a la editorial Lumen en detener la distribución de ese libro y sacar el ensayo, para así volver a reeditar el libro.

    Entre las crónicas, cuentos, novelas y entrevistas, la polémica de Poniatowska ha tenido mucho que decir durante su trayectoria, dando muestra del trabajo que mantuvo durante muchos años esta princesa polaca en México.

    La ganadora del Premio Cervantes 2013 será reconocida hoy por el gobierno de México al mediodía, en el Palacio de Bellas Artes, con la actividad Elenísima 90 años: Homenaje Nacional Elena Poniatowska.