Mazatlán, entre la memoria de los huracanes y el costo de desafiar a la naturaleza

El huracán Simón exhibiría alta vulnerabilidad de la ciudad, corrupción y la capacidad oficial para movilizar y proteger a más de 102 mil habitantes del puerto expuestos a peligros climáticos.

Durante décadas, Mazatlán ha convivido con una paradoja: su condición de puerto turístico y su crecimiento urbano pueden proyectar una imagen de seguridad, pero su geografía costera lo mantiene expuesto a huracanes, inundaciones, erosión y oleaje extremo.

El huracán Olivia golpeó la región en octubre de 1975; Tico ocasionó inundaciones y daños en 1983, y Lane provocó lluvias extremas e inundaciones en 2006. No se trata de episodios aislados de una naturaleza impredecible, sino de antecedentes que obligan a revisar cómo se ocupa, construye y protege el territorio.

Hoy, el huracán Simón vuelve a colocar esa vulnerabilidad en el centro de la discusión pública. Más allá de su trayectoria, intensidad y evolución meteorológica, las antenas de alerta deben dirigirse hacia la resistencia de una ciudad que ha crecido sobre el mar, los esteros, humedales, lagunas interiores y zonas por debajo del nivel del mar: ¿la infraestructura, los sistemas de drenaje, las rutas de evacuación y los refugios están preparados para responder a una emergencia de gran escala?

La radiografía: 102 mil personas expuestas
El multicitado Estudio de Vulnerabilidad Socioambiental ante el Cambio Climático de Mazatlán, elaborado por Paisajes y Personas Resilientes A.C. en coordinación con Conselva, Costas y Comunidades, y el Instituto Municipal de Planeación, con apoyo del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y la Fundación Gonzalo Río Arronte, aporta una dimensión concreta al problema.

El diagnóstico identifica 102,377 habitantes distribuidos en 2,349 manzanas expuestos a peligros relacionados con el clima. De acuerdo con Conselva, los niveles de vulnerabilidad climática considerados son altos o muy altos, y la exposición se concentra especialmente en zonas próximas al estero de Urías y en sectores del centro de la ciudad.

El estudio también identifica 755 instalaciones urbanas y 56.64 kilómetros de vialidades clave con vulnerabilidad. Los principales peligros examinados son las inundaciones fluviales y costeras, la inestabilidad de laderas y la erosión costera.

No significa que todas esas personas, instalaciones o vialidades vayan a resultar afectadas por Simón. Describen una exposición estructural ante peligros climáticos y permiten identificar dónde deben concentrarse la prevención, la inversión pública y la planificación urbana.

Pero el diagnóstico sí plantea una advertencia: cuando una ciudad concentra población, infraestructura y actividades económicas en zonas expuestas, una emergencia meteorológica puede convertirse en una crisis social si las medidas preventivas no corresponden con la magnitud del riesgo.

La vulnerabilidad no termina en la línea de playa
El riesgo costero no depende únicamente de la fuerza de los vientos o de la altura de las olas. También intervienen la topografía, la ocupación del suelo, el drenaje pluvial, la conservación de los ecosistemas y la capacidad de los servicios públicos para mantener la movilidad durante una emergencia.

Conselva identifica la protección y restauración de humedales, manglares y esteros como parte de las soluciones para reducir la erosión y amortiguar los efectos de las marejadas ciclónicas. También propone recuperar cobertura vegetal, promover infraestructura verde y fortalecer la retención e infiltración del agua de lluvia.

La discusión sobre el desarrollo inmobiliario debe partir de ese marco técnico. La pérdida de ecosistemas y la ocupación de áreas expuestas pueden incrementar la vulnerabilidad, pero atribuir un daño específico a una obra, una licencia o una administración requiere documentar el proyecto, su ubicación, las autorizaciones y sus efectos.

El reto para las autoridades y los desarrolladores consiste en demostrar que el crecimiento urbano incorpora los riesgos identificados por los estudios, respeta las disposiciones ambientales y considera los escenarios de inundación, erosión y marejada.

Refugios y evacuación: la capacidad debe demostrarse
En una emergencia, anunciar refugios no equivale a demostrar que existe capacidad suficiente para proteger a la población que podría necesitar evacuación.

La evaluación debe incluir el número de espacios efectivamente habilitados, su capacidad real, las condiciones sanitarias, el abastecimiento de agua y alimentos, la accesibilidad para personas con discapacidad, las rutas disponibles y los medios de transporte para quienes no pueden salir por sus propios recursos.

También debe considerar qué ocurre si las lluvias inundan vialidades, interrumpen servicios o dificultan el traslado desde colonias expuestas.

El Gobierno de Sinaloa informó el 8 de octubre que contaba con 136 refugios temporales habilitados y disponibles en el estado, con capacidad conjunta para 51,201 personas. Esa cifra es estatal, no exclusivamente de Mazatlán, y no sustituye un inventario municipal actualizado que permita conocer cuántos espacios están operativos en el puerto y qué población pueden recibir.

Por ello, lo que está en el centro de la discusión es cuántas personas puede trasladar, recibir y atender de manera segura, en qué plazo y bajo qué condiciones.

Simón: la emergencia inmediata y sus límites
El aviso intermedio 20A del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, emitido a las 5:00 de la mañana del lunes 12 de octubre, ubicó a Simón en 20.1 grados de latitud norte y 106.4 grados de longitud oeste, a unos 80 kilómetros al oeste-suroeste de Cabo Corrientes y 345 kilómetros al sur de Mazatlán.

En ese corte, el sistema mantenía vientos sostenidos de 185 kilómetros por hora y se desplazaba lentamente hacia el noroeste. El organismo advertía de lluvias capaces de provocar inundaciones y deslaves, además de oleaje peligroso.

La emergencia exige información pública clara, actualizada y verificable: cuáles alertas están vigentes, qué comunidades deben tomar precauciones, qué refugios funcionan, qué caminos podrían quedar afectados y qué instrucciones deben seguir las familias.

Una comunicación precisa no reduce la gravedad de un fenómeno. Permite que la población distinga entre un riesgo previsto, una afectación confirmada y una medida preventiva que debe adoptar.

El horizonte de 2030: prevenir antes de la próxima emergencia
El estudio de vulnerabilidad advierte que, bajo las proyecciones analizadas, la población expuesta podría aumentar a 144,307 personas para 2030. También estima una posible pérdida de 21,241 hectáreas de cobertura vegetal, principalmente selva baja caducifolia, asociada a los escenarios de crecimiento considerados.

Se trata de proyecciones, no de resultados inevitables. Precisamente por eso deben utilizarse para orientar las decisiones de ordenamiento territorial, conservación y adaptación climática antes de que se materialicen mayores riesgos.

La prevención no puede limitarse a desplegar personal, habilitar escuelas como refugios o distribuir apoyos cuando la emergencia ya está encima. También exige revisar los instrumentos de desarrollo urbano, conservar los ecosistemas que amortiguan los impactos, mejorar el drenaje, mantener las rutas de evacuación y transparentar las capacidades reales de respuesta.

Simón es una prueba inmediata para los sistemas de protección civil. Pero la vulnerabilidad de Mazatlán no nació con este huracán y tampoco desaparecerá cuando se aleje.

La ciencia ya ofrece un diagnóstico: más de cien mil habitantes están expuestos a peligros climáticos y cientos de instalaciones y kilómetros de vialidades requieren atención en la planeación del riesgo. Convertir ese conocimiento en políticas públicas, infraestructura adecuada y decisiones responsables sobre el territorio es una tarea permanente.

Sin que hasta el cierre de información pueda asegurarse que Simón tocará tierra por Mazatlán, el gobierno debe explicar al detalle si existe o no un plan de emergencia que responda al escenario planteado con toda puntualidad y anticipación por organismos civiles y científicas.

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