Cuando el amor entra por la puerta, el trabajo sale por la ventana. El dicho popular en realidad habla del dinero, pero si algo también es cierto es que las relaciones amorosas, cuando ocurren en los espacios de trabajo también afectan la actividad, el clima laboral y hasta la productividad.
De acuerdo con cifras de Adecco, el 52% de las personas trabajadoras en México tiene una relación amorosa, tres de cada 10 conocieron a su pareja en el trabajo. Este fenómeno no es casualidad si consideramos que los mexicanos laboran en promedio 2,246 horas al año, según cifras de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y que nos demuestran el contacto constante aumenta la compatibilidad y conexión
Sentir atracción por alguien en el trabajo es natural, aumenta la dopamina, la oxitocina y la noradrenalina, pero cuando hay una ruptura, esas sustancias neuroquímicas bajan, llegan sentimientos negativos como la tristeza y el enojo, el cortisol aumenta, es decir el estrés, el cual puede traducirse en problemas no solo en quien lo vive, sino quien le rodea.
Cuando el romance termina y los involucrados son parte de un equipo de trabajo, las consecuencias no solo tocan a quienes terminan, sino a su alrededor y gestionar una ruptura sentimental puede convertirse en un desafío que puede impactar directamente en la productividad, el talento y el clima organizacional.
El costo oculto de terminar una relación en el trabajo
Aunque suele considerarse un tema estrictamente personal, las rupturas pueden generar un efecto dominó en la empresa. Ivonne Borden, fundadora de Agregando Valor y experta en prevención de factores de riesgo psicosocial, asegura que “se subestima mucho la situación amorosa, pero se han perdido reinos en el nombre del amor”.
Afirma que no solo el talento se ve afectado, sino que también afecta el trabajo en equipo, porque tarde o temprano se toman bandos, los equipos se dividen y toman partido y si el problema no se atiende, el efecto escala a situaciones que pueden llegar a renuncias o casos de violencia laboral y distracciones del trabajo.
“Cuando esta relación se vuelve tan hostil, alguna de las dos personas decide salirse, por todo lo caótico que se vuelve el ambiente laboral, porque daña el ambiente, el clima laboral y los proyectos”.
Advierte que los conflictos tras rupturas mal gestionadas pueden derivar en fuga de información sensible, falta de cooperación entre áreas, sabotaje laboral y hostilidad donde se replican conductas como excluir o negar información necesaria para el trabajo.
“El daño no solo es un conflicto entre dos personas, se generan círculos de amistad y amor. No hay un indicador, pero la organización se ve raspada más de lo que nos damos cuenta; en fuga de información, no cooperamos, no trabajamos en equipo, hay hostilidad. Eso se convierte en violencia laboral porque lo hacemos dentro del trabajo”.
A decir de Aarón Fernando Mendoza Bárcenas, especialista en dirección estratégica de Recursos Humanos, “cuando termina una relación personal y termina mal, empieza a impactar en el trabajo, en la forma de cómo se relacionan las personas y se convierte en un tema que se debe atender desde RH”.
Refiere que los puntos donde se debe prestar atención es cuando las personas comienzan a evitar trabajar juntas, resaltan quejas de compañeros y el ambiente laboral se vuelve tenso. “Empiezan los bandos o los chismes, uno habla mal del otro, hay hostilidad pasiva”.
Un punto crítico identificado por los expertos es cuando el despecho trasciende a la violencia. Borden señala que estas conductas, aunque motivadas por sentimientos personales, ocurren dentro del ámbito de trabajo y dañan el ecosistema profesional y al no existir una política clara aumentan los riesgos.




