En los años en que la información viajaba despacio y la verdad dependía del pulso humano, no de la inmediatez digital, surgió en Culiacán una figura que haría de la televisión un puente entre los hechos y la memoria colectiva: Gilberto Castro Arenas.
Fue más que un director de noticias. Fue, para muchos, el rostro cotidiano que acompañaba la cena familiar, la voz que ordenaba el día y le daba sentido a lo ocurrido. En una época sin teléfonos móviles, sin internet y sin la comodidad de la inmediatez, el periodismo exigía presencia, intuición y carácter. Y Castro Arenas tenía los tres.
Televisoras Grupo Pacífico (TVP), Canal 3 XHQ-TV, lanzó su primera señal al aire el 17 de septiembre de 1964 en Culiacán. Si no me equivoco, desde los años setenta y ochenta, cuando la televisión local apenas consolidaba su identidad, Gilberto Castro se convirtió en pionero de la información hablada y vista en Sinaloa.
A través de espacios como Pulso Informativo Banpaís, sus secciones de Hojas Sueltas y sus comentarios editoriales. marcó el ritmo de una generación que aprendió a mirar la realidad a través de la pantalla. En aquel Canal 3 —la semilla de lo que hoy es TVP— no solo se transmitían noticias: se construía historia.
Su labor trascendió lo local. Como corresponsal de Televisa, con gafete otorgado por Jacobo Zabludovsky, enlazó a Sinaloa con el país, llevando relatos de ciclones, accidentes, hechos insólitos y momentos que sacudieron a la sociedad. Cada enlace telefónico era una hazaña técnica y narrativa, una prueba de que el periodismo se hacía con oficio, pero también con temple.
Si no me falla la memoria, fue épica la narración del “bancazo” en Los Mochis, cuando unos asaltantes huyeron en un camión de valores aventando varios fajos de dinero a la gente por varias calles. Un avionazo en Los Mochis y los accidentes de camiones de transporte ocurridos en las carreteras de Sinaloa, para lo que, al narrar los hechos, Gilberto Castro era enlazado vía telefónica con el recordado periodista Jacobo Zabludovsky.
Fue también representante de figuras culturales como Los Tigres del Norte, lo que revela otra dimensión de su vida: la de gestor, puente y promotor de identidades regionales.
Originario de Rosa Morada, Mocorito, su trayectoria es la de un hombre que entendió su tiempo y lo narró con las herramientas disponibles, pero con una profundidad que hoy sigue siendo referente. No fue un periodista complaciente ni sencillo; quienes lo conocieron hablan de un carácter firme, incluso exigente y en más de una ocasión, difícil. Pero en esa exigencia también se forjaron estándares, se formaron equipos y se consolidó una manera de hacer televisión.
Gilberto Castro Arenas pertenece a esa estirpe de periodistas que no podían contar lo que no habían vivido. Su trabajo era salir, ver, escuchar, regresar y narrar. Todo de forma orgánica, artesanal, casi épica. Los reporteros de televisión que lo acompañaron en aquella época saben que en cada transmisión había una dosis de riesgo, de incertidumbre y de compromiso con la verdad.
Mis condolencias para su hijo, el extraordinario músico y buen amigo Mauricio Alejandro Castroarenas Cifuentes.
Comparto una fotografía donde aparecen, de izquierda a derecha, su hijo Mauricio, mi hijo Luis Ángel Rivera Ayala y Gilberto Castro Arenas, que en paz descanse. La fotografía fue tomada por un servidor en diciembre de 2022.
Hoy, la partida de Gilberto Castro cierra un capítulo fundamental en la historia del periodismo sinaloense. Pero su legado permanece en cada noticiero, en cada reportero que toma un micrófono, en cada historia que busca ser contada con rigor.
Porque antes de que la noticia fuera instantánea, hubo hombres como él que la hicieron humana.




