Adicciones: el costo que ya no podemos ignorar

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De acuerdo a la ONU, aproximadamente 296 millones de personas entre los 15 y los 64 años son consumidoras de drogas, lo que significa el 5.8% de la población, por lo tanto las adicciones son un asunto cuyo costo ya no podemos ignorar

Las adicciones han dejado de ser un tema periférico para convertirse en un problema central del desarrollo humano, económico y social. Como enfermedad, la adicción es un flagelo para personas, familias, sociedades y el mundo entero, cuyas consecuencias tanto humanas como financieras son muy serias. Tan solo en Estados Unidos, el costo anual de este padecimiento es de más de 400,000 millones de dólares.

De acuerdo a las últimas estadísticas de la Organización de Naciones Unidas (ONU), aproximadamente 296 millones de personas entre los 15 y los 64 años son consumidoras de drogas, lo que significa el 5.8% de la población. Además, de que esta cifra tuvo un aumento del 23% en la última década.

En México, el panorama no resulta más alentador, pues en 2023, 179,342 personas solicitaron tratamiento. Esto quiere decir que por cada una de ellas, hay 4 que requieren atención y no la reciben. Es decir, poco más de 700 mil mexicanas y mexicanos padecen de la enfermedad, sin recibir ayuda. Y si a esto, le agregamos que por lo menos afecta a otras 5 personas, las consecuencias son devastadoras.

Además, en ese mismo año, casi la mitad que acudió por ayuda lo hizo a causa de las metanfetaminas, sustancia que es motivo de casi el 50% de las consultas.

Hoy por hoy, el fentanilo solamente aparece como motivo de consulta en el norte del país, sin embargo, esta sustancia está presente en muchas de las drogas sintéticas, lo que aumenta potencialmente el riesgo que tiene en sí su consumo.

El costo económico y humano de mirar hacia otro lado

Las adicciones no son únicamente un tema de salud pública: representan un desafío económico de alto impacto. La Organización Internacional del Trabajo estima que el uso problemático de sustancias en el ámbito laboral puede reducir la productividad hasta en un 40%. En México, un estudio del Instituto Nacional de Psiquiatría revela que por cada peso invertido en prevención del consumo de sustancias, se ahorran entre 7 y 12 pesos en tratamientos, ausentismo laboral, accidentes y pérdida de productividad.

En el entorno corporativo, esto se traduce en decisiones erráticas, mayor rotación de personal, ausencias recurrentes y un deterioro del clima laboral. 

En el entorno familiar, significa hijos sin presencia parental, violencia doméstica y generaciones marcadas por el trauma. Para los gobiernos, implica sobrecarga del sistema de salud, aumento en la criminalidad y pérdida de capital humano.

¿Y si miramos al lado correcto?

De acuerdo a la Sociedad Americana de Medicina sobre la Adicción (ASAM), esta es “una enfermedad médica crónica y tratable que implica interacciones complejas entre los circuitos cerebrales, la genética, el entorno y las experiencias de vida de cada persona.” Por lo tanto, requiere de atención especializada para que la persona se recupere y pueda tener una vida productiva y feliz.

Cada ser humano que padezca esta enfermedad merece el mejor tratamiento, cuya efectividad esté comprobada con base en evidencia científica y por supuesto que respete los derechos humanos. Y para ello, se requiere una colaboración más estrecha y productiva del sector público y el privado, para el bien de todas y todos en nuestro país.

Invertir en la rehabilitación de una persona que padece adicción o trastorno por uso de sustancias (como lo refieren los especialistas) no solo es ético, sino que también benéfico para las empresas. De acuerdo a un análisis de NORC de la Universidad de Chicago, las organizaciones que apoyan adecuadamente la rehabilitación de aquellos empleados que padecen por consumo de sustancias ahorran 8,700 dólares anuales por cada uno, además de que estos son más productivos y tienen 13.7 días menos de ausentismo al año.

Parece que invertir en la rehabilitación de personas con trastornos por uso de sustancias no solo es un imperativo ético, sino también una decisión estratégica que mejora la productividad y reduce costos. Apoyar la rehabilitación no solo transforma vidas, sino que también representa una inversión inteligente para las empresas y la sociedad en su conjunto.

(*) El Doctor Jorge Larrea Espinosa, es líder de opinión en adicciones a nivel nacional e internacional. Fue director de Monte Fénix y es fundador del Centro de Estudios Superiores Monte Fénix, Clínicas Claider y AMESAD. Es coautor del libro Adicciones, el creciente desafío y ha sido reconocido por su trayectoria con diversos premios, actualmente desarrolla la Fundación Espinosa-Larrea. Su visión ha marcado un antes y un después en el tratamiento de las adicciones en América Latina.

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