El proceso electoral que vive el Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán (STASAC) no es un trámite más. Por el contrario, se ha convertido en un episodio que merece un análisis profundo sobre el estado que guarda la vida sindical, la democracia interna y el papel que hoy juegan los liderazgos frente a una base trabajadora que exige voz, respeto y defensa real de sus derechos.
La convocatoria fue lanzada el lunes por el actual dirigente, Julio Enrique Duarte Apán. A partir de ahí, el tablero comenzó a moverse. Entre los registros que llaman la atención destaca el de Manuel Alfonso Espinoza Ramos, quien formalizó esta mañana su aspiración a la Secretaría General ante la Comisión de Honor y Justicia —constituida como comisión electoral— en las oficinas administrativas del STASAC, ubicadas en el bulevar Ciudades Hermanas, en el fraccionamiento Lomas de Guadalupe. El acto no fue menor: recibió constancia oficial como aspirante y registró su planilla, identificada con un mensaje que no pasa desapercibido entre los sindicalizados: “El color blanco es el futuro del STASAC”.
Las fechas están claras. El 10 de febrero estarán listas las boletas; la votación se llevará a cabo durante la Asamblea General Ordinaria CXL el 13 de febrero, de 10:00 a 18:00 horas. El comité que resulte electo ejercerá funciones del 16 de mayo de 2026 al 15 de mayo de 2029. Pero más allá del calendario, lo que está en juego es el rumbo del sindicato.
En un contexto donde el actual dirigente es señalado por intentar consolidar un cacicazgo sindical, la aparición de Manuel Espinoza representa algo más que una candidatura: es una opción de renovación con sustancia. No se trata de una figura improvisada ni de un salto al vacío. Espinoza ya demostró, en el pasado, capacidad de disciplina y madurez política.
A diferencia de quienes basan su estrategia en la estridencia o en el desgaste mediático, Manuel Espinoza ha construido su proyecto desde abajo, con reuniones constantes y diálogo directo con trabajadores de distintas áreas. Su paso por la Secretaría de Educación del STASAC, aunque breve, le permitió conocer la dinámica interna, los procedimientos administrativos y, sobre todo, las necesidades reales de la base sindical. No habla desde la teoría; habla desde la experiencia.
Las elecciones del STASAC en 2026 se perfilan como las más reñidas y trascendentes de los últimos años. Julio Duarte cuenta con la ventaja que otorga la estructura, pero también carga con el desgaste natural del poder y con señalamientos que han erosionado su credibilidad. Otros aspirantes aportan matices al escenario, pero es Manuel Espinoza quien hoy se perfila como una alternativa seria para devolverle sentido social y democrático al sindicato.
El desafío no es menor: capitalizar la inconformidad existente sin fracturar a la base, tender puentes, sumar voluntades y construir un liderazgo incluyente que evite que la división favorezca la continuidad de lo mismo. Si algo ha demostrado Espinoza es que sabe privilegiar la cohesión por encima del interés personal.
Hoy el STASAC necesita algo más que un administrador del poder. Necesita un dirigente que defienda los derechos de los trabajadores, que escuche, que dialogue y que entienda que el sindicato no es patrimonio de un grupo, sino una herramienta colectiva. En ese escenario, Manuel Espinoza se presenta como una opción que merece ser tomada en serio.
La disyuntiva es clara: continuar con un modelo que busca perpetuarse o apostar por un liderazgo con visión de futuro. En esa encrucijada, el nombre de Manuel Espinoza no solo aparece en la boleta; aparece como símbolo de una oportunidad para cambiar el rumbo del STASAC.




