Adiós a “El Lobito”, requinto del Trío Azteca

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“La música es el recuerdo que no sabe morir.”

Se nos va Ramón Camargo Chávez, pero no se va su música ni la estela humana que dejó en cada lugar donde sonó su requinto. Cariñosamente conocido como “El Lobito”, Ramón fue mucho más que un integrante del Trío Azteca: fue un hombre sencillo y auténtico, de esos que no hacen ruido al pasar, pero cuya ausencia pesa cuando ya no están. Fue un amigazo, de los que dejan huella profunda y duradera.

“El Lobito” falleció el 31 de diciembre de 2025, cerrando su historia justo en el umbral del nuevo año. No alcanzó a llegar al 2026, pero dejó una vida colmada de música, amistad y recuerdos imborrables. Con su requinto sostuvo durante décadas el pulso romántico del bolero en Culiacán y en muchas otras partes de Sinaloa, donde el Trío Azteca se convirtió en referente, tradición viva y compañía fiel de innumerables historias personales.

El Trío Azteca —con Roberto Zazueta, Daniel Murillo y Ramón Camargo— fue parte de la memoria sonora de la ciudad. Sus presentaciones en plazas, festivales, serenatas, encuentros culturales y, de manera muy especial, en las ya emblemáticas Tardes de Bolero, hicieron del romanticismo un acto colectivo. No sólo interpretaban canciones: construían momentos.

En lo personal, tuve el honor de cantar algunas de mis composiciones para que fueran interpretadas por el Trío Azteca. Nunca olvidaré aquel momento especial en el evento del programa Tú puedes vivir sin drogas, realizado en el penal de Culiacán, cuando me desempeñaba como director de Comunicación y secretario particular del capitán José Román Pedregal Soto, entonces director de Prevención y Readaptación Social. Ahí, la música dejó de ser espectáculo y se convirtió en puente humano.

Hay recuerdos que explican mejor a una persona que cualquier semblanza. Uno de ellos es cuando el Trío cantó en la fiesta de mi boda. Aquella noche no fueron artistas ni cantantes contratados: fueron mis amigos, acompañándome en uno de los momentos más importantes de mi vida. Ese gesto resume perfectamente quién era “El Lobito”: cercanía, sencillez y un corazón grande.

Hoy comparto una fotografía de un ensayo de la canción de mi autoría “Tú Puedes”, junto a Ramón, durante una de aquellas jornadas musicales que compartimos hace ya veinte años. Conservo videos y fotografías de esos ensayos, de sus actuaciones y de esos encuentros que hoy se transforman en memoria viva, en música que no se apaga y en amistad que permanece.

La partida de “El Lobito” duele. Duele porque se va el músico, pero sobre todo porque se va el amigo. Sin embargo, su legado no está en el silencio, sino en cada cuerda que vibró, en cada historia que ayudó a contar con música.

Mis condolencias sinceras para Roberto Zazueta, Daniel Murillo y para todos quienes compartieron escenario, vida y afectos con Ramón Camargo Chávez.

La amistad, como la buena música, no se olvida jamás.

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