Trece años siendo una fuente digna de información

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Hoy se conmemora en México el Día de la Libertad de Expresión, y quienes hacemos periodismo lo sabemos bien: no es un festejo, es una reafirmación. Una advertencia. Un recordatorio de que el derecho a decir, preguntar, denunciar, contar, no está garantizado. Que muchas veces se ejerce con miedo, con presiones, con amenazas… pero se ejerce. Porque renunciar a esa libertad sería renunciar a todo lo que somos.

Este 7 de junio también marca 13 años de vida de Fuentes Fidedignas, un medio que nació del corazón, la terquedad y la pluma de Luis Enrique Ramírez, asesinado en 2022 por hacer justamente lo que nos enseñó: escribir sin miedo. Lo fundó un 7 de junio de 2012, como si intuyera que el destino de este periódico estaría irremediablemente ligado a esa libertad que tanto se proclama y tan poco se protege.

Desde hace una década tengo el honor —y la carga— de ser la editora general de Fuentes Fidedignas. En estos diez años he aprendido que no hay redacción segura, que no hay verdad que no incomode y que muchas veces, escribir implica renunciar a la tranquilidad. Pero también he confirmado que el silencio mata más que las balas. Y que la palabra, cuando es libre, es resistencia.

Hacer periodismo en Sinaloa es un ejercicio constante de equilibrio entre lo que se puede decir y lo que se debe decir. Aquí la libertad de expresión no se celebra en conferencias ni se enmarca en discursos oficiales: se ejerce —y se arriesga— en cada crónica que duele, en cada denuncia que incomoda, en cada titular que no se negocia.

Porque en este país no basta con tener la razón: hay que tener cuidado. México sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. De 2000 a la fecha, más de 160 periodistas han sido asesinados, 41 de ellos durante el actual sexenio. Y la mayoría de esos crímenes, siguen impunes.

En Sinaloa, nombres como Javier Valdez, Luis Enrique Ramírez y Humberto Millán nos siguen doliendo. No son solo cifras ni efemérides trágicas. Son compañeros, son historias cercanas, son ausencias que siguen gritando.

Hoy más que nunca, defender la libertad de expresión no es una consigna hueca. Es una responsabilidad que se ejerce en cada línea publicada, en cada voz que no se rinde, en cada medio que resiste.

Trece años después, Fuentes Fidedignas sigue siendo eso: una fuente digna. De confianza, de rigor, de memoria. Porque mientras haya una injusticia por contar, una verdad por incomodar o una voz que se niegue a callar, habrá periodismo. Y mientras haya periodismo, habrá libertad.

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