El Padre Francisco, el viajero que salva vidas y almas perdidas

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Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez

Durante años he mantenido una amistad a la distancia con un sacerdote viajero y políglota, que la mitad del año está a cientos y la otra mitad a miles de kilómetros de la ciudad donde radico: Francois Egregy, a quien yo llamó Padre Francisco, atesora una vasta cultura y tiene amigos en diversas partes del mundo donde ha vivido.

Domina el inglés, el francés y el español de manera fluida, entiende el italiano, el portugués, el gallego y el catalán, y tiene nociones del idioma alemán, además de su lengua materna, el húngaro.

Es un apasionado de la historia y un estudioso de la política, la teología y los temas mundiales. También es un gran conocedor de nuestra cultura y admirador de México, país en el que ha vivido varias temporadas.

Francois Egregy nació el 6 de noviembre de 1946 en Budapest, Hungría, siendo el único hijo que meció la cuna de Károly Egregy y Ana Katrein.

Károly Egregy fue un militar que dedicó su vida al ejército húngaro. Cumpliendo sus funciones de geógrafo obtuvo el grado de capitán. Luego fue cartógrafo en Australia, Alemania y Francia. Ana Katrein era modista en Australia.

Los padres de Francisco, Carlos y Ana, sus nombres en castellano, se conocieron en esos vaivenes de la vida. Ella más longeva, falleció en julio 2005.

El Padre Francisco, como le llamamos sus amigos, llegó a Bélgica en septiembre de 1978 y sigue siendo residente de ese país.

Actualmente es ciudadano húngaro y francés, pero desde hace dos años pasa seis meses en Guadalajara, Jalisco huyendo del invierno belga. Este año, por segunda ocasión se quedará en México hasta fines de abril. Cumplirá sus 78 años de edad en Bélgica.

Lo conocí en la época que fui secretario particular del Director de Prevención y Readaptación Social en Sinaloa, capitán José Román Pedregal Soto. Fue durante una visita que hizo el Padre Francisco al penal de Culiacán, creo que en 2003.

Esa vez, Francois Egregy reflexionó con el capitán Pedregal sobre la rehabilitación de las almas y los cuerpos. Conoció en la cárcel a Luis Antemio Montijo Vargas, a quien recuerda como un pintor extraordinario. Hay otras personas que convivieron con el Padre Francisco en prisión, pero sería largo enumerar tantos encuentros memorables.

Darío Eliazar Rivas Loaiza le cobijó con su amistad, le abrió las puertas de su hogar y de su corazón. El Padre Francisco encontró en él al hombre sensible y generoso, en una etapa en la que una serie de sucesos definieron nuestras vidas. Gozó de amenas veladas e inolvidables convivencias en las que Darío tomaba su guitarra y cantaba sus canciones.

Cuando estaba mi esposa embarazada de Luis Ángel estuvo conmigo en una sesión de fotos en el Jardín Botánico de Culiacán en 2004, en la que, por accidente, a punto de caer al lago terminé hundido de nalgas en un bote de basura. La situación fue tan hilarante que nadie pudo contener la risa.

“Miguel, yo tuve el honor de conocer a sus papás”, me recordó en una de las más recientes charlas, cuestión que francamente no recordaba. También tuvo en sus brazos a mi hijo recién nacido en 2005. “Voy a rezar por él en mi misa”, me dijo al recordar que mi hijo Luis Ángel cumple diecinueve el 11 de marzo de este año. “Mándeme una foto de él frente a su pastel de cumpleaños, durante las Mañanitas del Rey David”, me pidió.

El Padre Francisco Egregy le dio la bendición a mi hogar en aquellos años que parecen tan lejanos. Incluso me dejó algunas cosas bendecidas para protegerme del maligno después de hacer una especie de exorcismo por situaciones paranormales que sucedían en la casa donde vivía cerca de un panteón, historia que quizás algún día escriba. De esos objetos sacramentales como agua y sal bendita, todavía conservo medallas bendecidas de San Benito. Por cierto, el ritual fue sumamente efectivo.

Compartimos amigos en común, algunos ya fallecidos.

Durante sus visitas a Culiacán, convivió con el Dr. Migue Pérez Leal, médico familiar del IMSS en Culiacán, humano y eminentemente social. Con él se tomó unas copas del vino chileno Casillero del Diablo. “No importa que se llame así”, bromeó en aquella ocasión. Por él conoció la Comunidad de Sinaí con el Padre Andrés Cárdenas Coronel. El doctor Miguel Pérez Leal murió el 14 de febrero de 2011.

En su última visita, durante su estancia en Culiacán, visitó Eldorado teniendo como anfitrión al Dr. Ignacio Grajeda Sánchez, psicoterapeuta con especialidad en desarrollo humano, músico, escritor y conferencista.

Juntos fueron a las Playas de Ponce donde comieron mariscos y escuchó el saxofón de Ignacio. También visitaron los balnearios de aguas termales de Imalá. Ignacio falleció víctima del COVID-19 la mañana del sábado 20 de marzo de 2021.

La última vez que Francois Egregy estuvo en Culiacán fue el 26 de marzo 2007, pues en esa fecha voló desde la capital sinaloense hacia Monterrey. Esa fecha la recuerda su prodigiosa memoria, no la mía.

Han pasado más de 17 años que no lo veo, pero seguimos en contacto a través de la maravillosa tecnología.

Ahora en la lejanía me ha dado consejos y protección espiritual. En dos ocasiones, vía mensajería, me ha enviado galones de agua bendita cuando él sentía que yo la necesitaba, derivado de una desafortunada situación ocasionada por una hermosa bruja de mediana edad depredadora de espíritus débiles, sobre la que probablemente también escriba.

Todavía tengo agua bendita en demasía, lo cual le agradezco profundamente. La sabiduría y el inmenso mar entre creer y pensar, es infinito. Me quedo con los hechos de la vida y los gestos de amor. ¿Qué hay detrás de tantos misterios? No lo sé.

Francisco recuerda con cariño sus estancias culichis, no puede olvidar las deliciosas capirotadas y el sabroso fruto del litchi, conocido en femenino en Sinaloa como las lichis.

Como lo soy yo, Francisco Egregy fue hijo único, pero tuvo dos primos hermanos, uno en Viena y otro en Budapest, hijos de una hermana de su madre, que no supo cuando falleció porque no le avisaron.

En su aparente soledad, es un hombre pleno, feliz. Alguna vez me aclaró que no hemos venido a sufrir sino a disfrutar de la vida y dar amor. Con Francisco las conversaciones podrían ser interminables y su pensamiento es interesante. No es un sacerdote convencional sino un crítico de la deshumanización y la criminal lucha por el poder a nivel global.

Un día me compartió una frase de otro “Padre Francisco”, el Santo italiano Francisco de Asís que dijo: “No puedes cambiar el mundo, pero sí puedes cambiar el mundo de alguien”.
Mi amigo, el Padre Francisco, sigue cambiando el mundo de muchas personas.

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