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martes, agosto 9, 2022

En memoria de Luis Enrique Ramírez Ramos

Lo conocí en una reunión en el todavía conocido como Farallón en julio de 2011, lugar preferido para las reuniones políticas en el gobierno de Mario López Valdez. De Luis Enrique hasta esa fecha solo conocía su faceta periodística. Principalmente su dura posición contra la candidatura de Jesús Vizcarra Calderón a la gubernatura de Sinaloa. Debo reconocerlo, después de leer con altas dosis de morbo, las invectivas lanzadas por Luis Enrique primero contra el empresario y después contra López Valdez y compañía, esperaba encontrar a una persona distinta, un periodista y escritor genial, lo cual sí fue hasta que lo cortaron de tajo de este mundo, pero a su vez descubrir a esa presunta figura siniestra que sus enemigos le pretendían construir. Los que lo conocimos sabemos cuanto distaba eso de la realidad.

La reunión fue organizada por Antonio Castañeda Verduzco y mi madre, Leticia Serrano Sainz, recién electos como presidente y secretaria general del PRI en Culiacán. Los asistentes eran principalmente periodistas involucrados en la cobertura del espinoso proceso de cambio de dirigencia municipal. Sin esperarlo, de repente se sentó frente a mi un Luis Enrique no muy parecido al de la foto presentada en su columna de El Debate. Tiempo después me confesó que utilizaba una fotografía antigua para supuestamente evitar lo reconocieran en la calle, Luis Enrique nunca aprendió a manejar y en aquellos tiempos se movía por la ciudad con gran destreza en camiones urbanos, en ocasiones con un taxista de su confianza.

La sorpresa de descubrir al satanizado periodista creció cuando éste en forma directa, sin rodeos me dijo: dice tu mamá que me tienes una propuesta. Una vez me repuse de la sorpresa le contesté de la misma forma, sí, le contesté, supe saliste de El Debate, te propongo elaborar un blog y ahí puedes seguir publicando, no te cobro por eso y es muy fácil de alimentar, yo te enseño. Ese día hasta ahí llegó nuestra conversación. Unos días después, sin esperarlo, recibí una llamada suya pidiendo verme para concretar la propuesta. Tal blog, a pesar de ser algo sumamente sencillo, para nada un portal de noticias o algo similar, lo llevó con la reanudación de sus columnas a su exilio del estado por encontrarse en grave amenaza, el contexto de asesinatos de figuras relevantes al inicio de tal sexenio es algo conocido.

Una vez de regreso a Culiacán me llamó para comentarme daría de baja la cuenta, al estar construyendo el portal donde hoy se publica esto. Y también para invitarme a publicar en su nuevo portal de noticias, proyecto al cual se sumaron otras personas. Fueron un par de años los que colaboré con un escrito semanal, tiempo aprovechado para conocer ahora otra de las facetas de Luis Enrique, la de editor. En su momento esperé, como algo natural en el ambiente periodístico sinaloense, alguna observación sobre una crítica vertida en mis columnas hacia algún personaje político, pero lo único recibido y con frecuencia eran observaciones de redacción, las cuales me pasaba solo a título de atento aviso al haberlas él corregido directamente.

Estoy seguro recibió quejas por algunos de mis escritos y de otros columnistas, la clase política sinaloense es muy susceptible, de piel muy delgadita y altamente reactiva cuando se publican meras crónicas de la administración pública o de la vida partidaria, o incluso secretos a voces. Se llenan de ronchas, ese, es el nivel de la vida política en Sinaloa, uno muy distinto a donde se formó Luis Enrique, la Ciudad de México. De esto hace ya varios años. Los intercambios de saludos se fueron alargando con el tiempo. Hace apenas un mes fue encontrado su cuerpo sin vida. Esos detalles no honran su memoria. Pero ¡vaya! no se equivocó en su diagnóstico y lo anunció con toda claridad en los medios de comunicación: “Yo soy el que sigue”.

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