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sábado, junio 25, 2022

La Ingobernable: “La Guerra y La Paz”

En Fuentes Fidedignas, nos hemos dado a la tarea de hacer una recopilación de entrevistas, escritos y columnas de nuestro director Luis Enrique Ramírez. En esta ocasión, estamos compartiendo con ustedes, queridos lectores, el inicio del libro La ingobernable: Encuentros y desencuentros con Elena Garro, publicado en el año 2000 por Hoja Casa Editorial (Raya en el Agua).

“La Guerra y La Paz”

Por instancias de Paz, en 1963 publicó la que se considera su mayor obra, la novela Los recuerdos del porvenir que le valió el Premio Xavier Villaurrutia aquel mismo año. Apunta Fernando Alegría en la cuarta de forros de la edición española del libro, en Siruela:

“Es una tentación decir que la novela de Elena Garro queda como una extraña partitura que García Márquez años después ejecutó a gran orquesta. No hablo, por supuesto, de influencias sino de concordancias. Ambos novelistas comparten el conocimiento secreto de la comunicación con el submundo de la realidad fantástica latinoamericana”.

Se convirtió Elena Garro en la más fascinante figura del medio intelectual mexicano, seguida por todos los notables de la época que se reunían en torno a ella – más que en torno a Paz – en su casa. Otra escritora brillaba con luz propia en aquel momento: Rosario Castellanos, quien, según cuenta su mejor amigo, Raúl Ortiz y Ortiz, mantuvo siempre una temerosa distancia en su relación con Elena aunque ésta asegurara que fueron grandes amigas. “Hay dos mujeres a las que les tengo miedo – confesaba Rosario –: Pita Amor y Elena Garro”. Se decía, recuerda Ortiz y Ortiz, que la literatura femenina en México “estaba entre la Guerra y La Paz” (Rosario, casada con Ricardo Guerra; Elena, con Octavio Paz.

De las concepciones literarias de Elena Garro da cuenta una misiva que la escritora envió desde París en 1982 a Emmanuel Carballo luego de que éste criticara duramente Testimonios sobre Mariana. El crítico decidió hacerla pública en Protagonistas de la literatura mexicana por considerarla “uno de los testimonios más significativos de la literatura mexicana reciente”. Se reproducen a continuación algunos párrafos:

“Si piensas que en Mariana aparecen personajes vivos te equivocas. Aunque es verdad que tomé rasgos de algunas personas vivas y difuntas para crear a un solo personaje (…) Eso no quiere decir que lo que cuento en Mariana sea una simple calca de mi vida al papel. Creo que todas las novelas son roman à clef o no son novelas. Tendría que tomar ejemplo de los monstruotes que se escriben ahora y en los que no se sabe si el personaje es un perro, un sifilítico, una puta, un tirano sudamericano, un bañista, un sargento, una abuela, un pene, un paisaje, el lobo nauseabundo de un pantano, un borracho cogelón, Hernán Cortés, la Malinche, el Papa, la CIA, Carlos V, los peces de la mar, la mariguana, las viejas hediondas, los diputados, Oscar Wilde, Luis XIV haciendo sus confidencias, Santa Teresa de Ávila, una orquídea, putrefacta, el propio autor, la Historia Contemporánea, la Historia Universal, los Vedas, las algas marinas de Puerto Ángel, los chamanes, los milicos, las monjas, Stalin, la Edad Media, la Inquisición, los judíos, los disidentes, el Tabernáculo de las Luces, la piel del otro, el aborto, Irán, Hitler cada vez más vivo y activo (ahora está a las puertas de París), la Gestapo, la División Charlemagne, el clítoris de la vecina, el paraguas de Pinochet, las aldeas de Latinoamérica (recuerda que cada gallo canta su muladar), la búsqueda de la identidad (¡claro, en Latinoamérica!), el hijo de la chingada, la penetración, el penetrado, la masturbación, la virgen podrida, el eunuco, los enanos masturbadores, los fascistas stalinistas, los curas maricones, el verdugo, el torturado, el océano Pacífico o la isla de Pascua. No objeto este tipo de novela interoceánica, fluvial, magistral, histórico – personal, cloaca máxima, a la que es difícil tocar pues le salen hojas verdes de las páginas y convierten la biblioteca más modesta en una selva universal, magnífica, poblada de cabrones con lobanillos y por añadidura deshuevados. ¡No! No la objeto. En esta corriente amazónica en donde se pudren con los vientres inflados y de aguas podridas y de sapos los autores, sus gobernantes, sus madres, madrinas, parientes, y padres, hay una desmesura, un desorden y un caos inimaginables para una mente más o menos ordenada como la mía. Es decir, la mente de una pequeña burguesa ahogada por el deseo de entender lo que escribe y lo que lee. Mente cronometrada hace ya cientos de años por una cultura ajena al cocodrilo, al caníbal, al cabrón y al esteta de la mierda acumulada durante muchas generaciones. ¡Qué  más quisiera yo que poder revolcarcarme en un revolcadero de cerdos a los que nos tienen acostumbrados los novelistas del presente y del futuro progreso en el hallaremos hectolitros de orines, calles de cagaleras de borrachos y escupitajos de tiranos invesímiles! Sé que vamos al galope hacia las grandes ollas en las que se hervirán cabezas y piernas de degenerados. Allí, en medio del inmundo rastro, los GENIOS se coronarán de mierda y de huesos humanos, pero qué quieres, yo soy muy anticuada. ¿No te acuerdas? Por eso trato de seguir moldes anticuados, a mi media y modestamente trato de contar una historia para divertir al público. Si no lo logro es mejor que abandone la pluma, es decir la máquina. Por desgracia no soy un genio. Y por desdicha tampoco soy víctima de nadie, de ningún fascismo rojo o negro. No me han capado, ni dado toques eléctricos en ‘las partes’ ni en los dientes. Debo gratitud a todos los regímenes políticos, incluyendo por supuesto al PRI. Creo que el personaje Mariana no es tampoco víctima de nadie sino de su propio ahistoricismo. En ese sentido puedes muy bien decir que la pequeña burguesa Mariana es Elena Garro. Me jacto de decir lo que pienso y de firmar lo que escribo (…)

“El acto de escribir es un acto de libertad privada. Nunca me he quejado de haber servido  de personaje de poemas, novelas y cuentos. Recuerdo que Carlitos Fuentes escribió un cuento llamado ‘Las dos Elenas’. Todo México dijo que éramos la Chata (Helena Paz) y yo. Hubo quien trató de azuzarme contra el escritor. Me pareció absurdo. Cada quien puede fabricar personajes de ficción con personajes reales. Con ese cuento ‘Las dos Elenas’ sucedió algo muy curioso: Fuentes hizo una película y tuvo dificultades de crítica. Vino a visitarme. Recordarás que yo vivía muy aislada. Carlitos me dijo que lo atacaban por envidia y me pidió que hiciera una crítica favorable a su película. La hice con mucho gusto y se publicó en Siempre!, con mi firma. Ni Chata ni yo nos sentimos atacadas por su cuento a pesar de  que las personajes eran más bien desagradables.

“Antes, en los años cincuenta, Paz escribió su gran poema `Piedra de sol’. Lo leímos y releímos juntos. ‘¿No te ofendes?’, me preguntó Paz ‘No, tienes derecho a decir lo que te parezca’, le dije. Y  lo  que le pareció fue llamarme ‘pellejo viejo, bolsa de  huesos’, o algo así. No recuerdo bien y no tengo su libro a la mano. Más tarde, en Madrid, Federico Álvarez me leyó el otro gran poema de Paz, ‘Pasado en claro’, en el que me llama ‘cabeza de muerta’ o algo parecido. Tampoco se me ocurrió enfadarme. Puedes preguntárselo a Federico. El poeta mitifica y Paz quiso exorcizarme diabolizándome. Lo han hecho todos los poetas. Para eso sirve la creación poética. Pepe Bianco también me tomó de personaje para su novela (La pérdida del reino) y en ella dice que me acosté con él, cosa absolutamente falsa, pero no me enfadé, pues sabía que era una novela. También Bioy Casares, al que tú citas, me puso de Clara en su novela El sueño de los héroes y puso que mi padre era un titiritero o mago o algo así, no recuerdo bien. No me enfadé. Ni me enfadé por otros cuentos menos clementes. Como ves, me han utilizado en varias ocasiones y nadie ha roto una lanza por mí o por la Chata, si es que estamos en el plan de defender a los posibles candidatos a personajes novelísticos o poéticos. De manera que no creo que sea importante que tú salgas de paladín a defender a posibles Paces, Burnes o Bioyes y que en cambio permitas que me llamen ‘cabeza de muerta’ o hija de la chingada (…)    

“Te dije en varias ocasiones que no era mi vocación ser escritora. Mi vocación era el teatro. Y mi profesión, lectora. Si hubiera sido rica, nunca me hubiera sentado horas enteras a la máquina para escribir estupideces. Ese tiempo precioso lo hubiera dedicado a releer a mis autores favoritos, a los que ya nadie lee. ¿Qué más quisiera que ser Corin Tellado? En España supe que existía esa escritora y que es el autor que más gana en el mundo. Tiene casa, barco, médico, dentista, vacaciones. ¡Es dichosa!

“En la novela Augusto dice que Mariana lo persigue, y la famosa Mariana ya está muerta. Lo dice para cubrirse delante de su grupo. Tú dices que persigo a Paz. Seguramente te lo dijo él. ¿Podrías decirme cómo lo persigo? ¿Escribiendo? La novela no es un pleito privado, es ¡una novela! (…)”

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