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martes, junio 28, 2022

¿Qué pasó el 17 de mayo de 1990? ¿Por qué celebramos hoy el Día contra la Transfobia?

Este es el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Te contamos por qué se celebra hoy

Ciudad de México.- En 1983, el programa La clave de RTVE emitió un debate sobre la homosexualidad. El elenco de especialistas lo formaban Jordi Petit, activista histórico del movimiento homosexual, un médico endocrino, un psiquiatra, un jurista y una activista norteamericana. Una advertencia del presentador, José Luis Balbín, de que se iba a tratar un tema tabú, es testimonio de cómo aquella sociedad se enfrentaba a esta realidad.

Aunque desde 1973 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría ya no consideraba la homosexualidad como una enfermedad, no fue hasta tal día como hoy de 1990 que la Organización Mundial de la Salud dejó de reflejarla como tal. Desde entonces, cada 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia.

Cada 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia

Pero ¿cómo es que se la tuvo por enfermedad en primer lugar? Referirse a la historia de la homosexualidad implica remontarse hasta la prehistoria. Como en el yacimiento de Addaura, en Sicilia, donde aparecen en un dibujo rupestre un grupo de mujeres bailando alrededor de dos varones que practican sexo.

Antes de irrumpir en el siglo XIX y el nacimiento de la psiquiatría, un par de ejemplos servirán para ver cómo distintas épocas han tratado esta realidad de modos distintos. Muy conocida es la libertad sexual de la antigua Grecia o de Roma, que, si se examina más de cerca, resulta no ser tanta.

En buena medida, las relaciones homosexuales en la Antigüedad eran también una representación de las relaciones de poder. De ahí que se celebrara el sexo activo con alguien de estatus inferior, mientras que se condenaba si era en sentido contrario. Julio César recibió el calificativo despectivo de “la reina de Bitinia” por las sospechas de que se había ofrecido al rey de esa nación.

La homosexualidad en la antigua Grecia
“Yo le seguí hasta la puerta de su casa, porque hay que seguir a la pieza hasta alcanzarla, le até con mis riendas y fue dócil a mi bocado. Fui a beber a los pozos del deseo y pasé por encima de la vileza del pecado…”. Este es un fragmento de un poema de Abū ‘Āmir ibn Šuhayd (992-1035), el hijo bisexual y libertino de un ministro de Almanzor, y también un gran poeta.

Lejos de ser una excepción, este lord Byron local constituye una gran muestra de lo que se ha llamado literatura homoerótica hispanoárabe.

Ejemplos que pueden sorprender de una historia que es tan larga como la del ser humano. Sin embargo, en su versión psiquiátrica no se inició hasta el siglo XIX. No por casualidad, pues fue entonces cuando la psiquiatría se separó de la medicina para instaurarse como disciplina aparte, y el estudio de la homosexualidad estuvo ya en su germen.

Sigmund Freud interpretó la homosexualidad como una anormalidad

De esa época son los trabajos de Sigmund Freud, que interpretó la homosexualidad como una anormalidad fruto del desarrollo en la familia. De hecho, esa visión negativa heredada del psicoanálisis fue la causa por la que se incluyó ya como desorden en la primera publicación de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Más tarde aparecieron los trabajos de Havelock Ellis, que discrepó de la teoría del complejo de Edipo de Freud. Lo que sí defendió es que, en algún momento de sus vidas, todos los seres humanos son sexualmente ambiguos. En esta línea, la homosexualidad sería una elección que en ningún caso debía ser discriminada. Prohibido en Inglaterra por escandaloso, su libro Sexual Inversion (1897) abría la puerta a aceptar a esa minoría dentro de la sociedad.

Sea como fuere, el acercamiento psiquiátrico tradicional fue siempre tratar de corregir cualquier orientación distinta de la heterosexualidad. Esa fue la tendencia durante todo el siglo XIX y buena parte del XX. En España, científicos como Gregorio Marañón aceptaban la interpretación más consensuada, que consideraba la homosexualidad una desviación.

Aun así, el científico madrileño se oponía a la penalización. Con poco éxito, pues, a excepción de algunos intervalos a inicios del siglo XX, en España ser gay siempre fue un delito. Durante la época franquista, sendos códigos penales prohibían y castigaban los comportamientos homosexuales. Tristemente recordados son los penales de Badajoz o Huelva, donde se internaba a quienes habían causado “escándalo público”, separándolos en los recintos entre “activos” y “pasivos”.

Más tarde, en 1970, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social introdujo una reforma para tratar de curar activamente la homosexualidad. Desde las durísimas terapias que combinaban electrochoques con la visualización de imágenes explícitas hasta curas menos agresivas. En esto España no fue una excepción, puesto que anteriormente en muchos países de Europa ya se había recurrido a terapias similares, incluso a la lobotomía.

i poco a poco la comunidad científica fue cambiando su perspectiva fue de la mano de los movimientos por los derechos de los homosexuales. Aunque siempre habían existido, a partir de los años sesenta cobraron la fuerza necesaria para presionar a las asociaciones científicas, sobre todo a las estadounidenses.

Que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, relevante en todo el mundo, eliminara la homosexualidad de su lista de enfermedades inició un efecto dominó. En España, la despenalización sucedió en 1978, cuando Adolfo Suárez modificó la ley de Peligrosidad Social.

Hasta aquí este somero repaso histórico, que acaba con un dato revelador. En uno de cada tres países del mundo la homosexualidad sigue siendo un delito, y en diez de ellos, además, está penada con la muerte. Todo esto, por desgracia, no ha pasado aún a la historia.
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