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lunes, mayo 16, 2022

Día Internacional del Gato, un homenaje al animal que siempre mereció el respeto de amigos y enemigos


A pesar de tener fama de ariscos o traicioneros son buenos compañeros y es por eso que el 52% de los hogares norteamericanos tienen un gato como animal de afecto superando al perro en ese sentido

Al celebrar el Día Internacional del Gato, estamos recordando al único animal que tiene tres fechas en su homenaje por año.

El 8 de agosto fue la fecha elegida por el Foro Internacional para el Bienestar Animal para conmemorar a todos los felinos y es por esto que, desde 2002, se celebra el Día Internacional del Gato.

Un animal contradictorio por un lado vapuleado y combatido y por otro muy aclamado en todo el mundo y que poco a poco se popularizó en todo el planeta como animal de afecto o compañía

A pesar de tener fama de ariscos o traicioneros son buenos compañeros y es por eso que el 52% de los hogares norteamericanos tienen un gato como animal de afecto superando al perro en ese sentido.

Son los únicos felinos domésticos y su relajante compañía y autonomía en los cuidados hacen que muchas personas en el mundo moderno los elijan frente a los perros, como animales de afecto.

Estos animales son animales de familia, vinculados al ser humano desde hace más de 10.000 años.

En el antiguo Egipto existían estatuas dedicadas a los gatos, su rapto y venta estaban castigados con la muerte e incluso si morían, sus dueños se afeitaban las cejas en señal de duelo.

Después de superar difíciles años, donde la hoguera era más frecuente que los dulzores de la vida frente al hogar de leños, resucitó en los salones burgueses de la época victoriana.

Los gatos, desde entonces, han marcado la vida y la infancia de muchas personas y han despertado simpatía tras ser los protagonistas de muchas series de televisión o productos pueriles como Hello Kitty, Doraemon, Garfield, los Aristogatos, Tom, Silvestre o el Gato con Botas.

Lo cierto es que frente a los gatos no se puede desarrollar la indiferencia.

Ante la perspectiva de cualquier tipo de vínculo con ellos se manejan dos posiciones antagónicas, distantes y muchas veces casi irreconciliables.

Aquel al que le gustan los gatos, los ama con devoción, casi se diría que los venera y en términos generales si no puede tener gatos en su casa trata de estar estrechamente vinculado con ellos, a través de amigos que tengan gatos o por medio de formas transitorias, atendiendo a los gatos de la calle.

Es así que los gatos despiertan pasiones a favor o en contra.

Por cierto, estas últimas absolutamente inmerecidas y fundadas en mitos, supersticiones o creencias mágicas que, las más de las veces, responden a la imaginación absurda y a supuestos imposibles.

A los gatos se los carga de soberbia, se les otorga categorías de rencorosos, fatales, fatalistas, y talismanes.

Lo que nunca ocurre con un gato, es poder ignorarlo, ya sea por su belleza y prestancia como así también por los mitos y tradiciones aún hoy vigentes, que alimentan odios.

Han nacido para notarse y así han pasado las cosas.

Mantienen la impresión de lo silvestre, lo que los hace tener la capacidad de transformar una canilla en una cascada o el agua del inodoro en un manantial surgente.

Modifican el ambiente de una casa y en él un estante es un estrato de la selva o un purificador de aire es el dosel del árbol más alto.

Otean el horizonte con la preocupación de estar en presencia de los fatales peligros del mundo de la naturaleza prístina, aun cuando sea en plena ciudad.

Transforman una caja en una fascinante cueva y nos devuelven la fe en la vida en cada una de sus actitudes y momentos.

Siempre con nosotros, siempre vuelven, negros con su estigma de mala suerte inmerecido, atigrados con su pretensión de silvestre mal disimulada, blancos con la amenaza de la terrible consecuencia de haberse asoleado, barcinos con la calle que les prestó el color.

Juguetón y no jugador. Ensayista permanente de situaciones de riesgo. Ingeniero de repisas y colgantes.

Marca, maúlla, ronronea, se calla y salta y las más de las veces se pasea… diciendo, más bien gritando: “aquí estoy yo “…

Por todo eso y quizás a partir de las abuelas calabresas que desde la infinita ternura, que sólo saben tener las abuelas, acarician a sus nietos haciendo el ritual del “Michi gato, michi gato, ¿que me ai fatto?” vaya el respeto, el cariño incondicional y el más sincero, humano y humilde homenaje para su majestad: el señor GATO.

*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.

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