El organismo empresarial advierte que mantener el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá es fundamental para la estabilidad económica, pero considera indispensable diseñar desde ahora un Plan B basado en la reindustrialización y el fortalecimiento de la competitividad nacional.
La Alianza para el Desarrollo y Competitividad de las Empresas (ADECEM) llamó a preservar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por la importancia que representa para la economía nacional, pero advirtió que el país también debe prepararse desde ahora para cualquier escenario derivado de su revisión, mediante un plan de fortalecimiento industrial que reduzca riesgos y eleve la competitividad.
Durante la conferencia de prensa semanal de la organización, fijaron postura Baltazar Castro Blanco y José Miguel Loredo López, presidentes de las comisiones de Responsabilidad Social e Industrias, respectivamente, quienes coincidieron en que la continuidad del acuerdo comercial brinda certidumbre a la inversión, al empleo y al desarrollo económico de los tres países.
Baltazar Castro Blanco explicó que alrededor del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos, por lo que una eventual cancelación del tratado dejaría, al menos en el corto plazo, una parte importante de la producción nacional sin su principal mercado.
“Existe incertidumbre tanto para los empresarios como para los gobiernos, pero debemos ser objetivos y buscar lo que beneficie a los tres países: Canadá, Estados Unidos y México”, expresó.
Consideró que uno de los principales activos del tratado es la certidumbre que ofrece a las empresas para planear inversiones de largo plazo, por lo que propuso que los acuerdos comerciales cuenten con horizontes más amplios que otorguen estabilidad y confianza a los sectores productivos.
Asimismo, señaló que una eventual interrupción del acuerdo también tendría efectos negativos para Estados Unidos y Canadá, debido al alto nivel de integración alcanzado por las cadenas productivas de Norteamérica.
Por su parte, José Miguel Loredo López recordó que la apertura comercial iniciada en la década de los ochenta y consolidada posteriormente con el Tratado de Libre Comercio permitió transformar la economía mexicana, ampliar la oferta de bienes y servicios y elevar significativamente el nivel de vida de millones de familias.
Explicó que el acceso a productos que anteriormente eran difíciles de adquirir, como electrodomésticos, equipos electrónicos y otros bienes de consumo, fue posible gracias a la apertura de los mercados y al incremento de la competencia internacional.
Advirtió que una eventual desaparición del acuerdo comercial podría provocar la salida de inversiones, la reubicación de industrias hacia otros países y una disminución importante en la actividad económica nacional.
Incluso señaló que, de concretarse un escenario extremo, muchas familias enfrentarían serias dificultades económicas. “Muchos mexicanos buscarán comida en la basura”, expresó al ilustrar el impacto social que podría derivarse de una ruptura comercial.
No obstante, ambos dirigentes coincidieron en que México debe comenzar desde ahora a construir un Plan B, independientemente del resultado de las negociaciones.
Ese plan, señalaron, debe contemplar un proceso de reindustrialización nacional, el fortalecimiento del mercado interno, mayores niveles de productividad, impulso a la innovación, desarrollo tecnológico y una estrategia que permita diversificar los mercados de exportación para reducir la dependencia de un solo destino comercial.
Los representantes de ADECEM consideraron que la revisión del T-MEC también representa una oportunidad para reflexionar sobre la estructura productiva del país y acelerar las políticas públicas orientadas a fortalecer la competitividad nacional.
Concluyeron que la mejor estrategia consiste en trabajar simultáneamente en dos frentes: preservar un acuerdo comercial que durante décadas ha contribuido al crecimiento económico de Norteamérica y, al mismo tiempo, preparar a México para responder con mayor fortaleza, resiliencia y capacidad productiva ante cualquier cambio en el entorno económico internacional.




