Ambrocio Chávez reivindica la soberanía nacional: la nación antes que los partidos

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En tiempos donde la polarización política suele reducir los debates a consignas y confrontaciones estériles, resulta pertinente detenerse a escuchar aquellos discursos que buscan colocar en el centro una palabra que durante generaciones ha definido la historia de México: soberanía.

Durante la sesión más reciente del Congreso del Estado de Sinaloa, celebrada el pasado jueves, el diputado Ambrocio Chávez Chávez, presidente de la Comisión de Hacienda Pública y Administración de la 65 Legislatura y representante del Distrito 09 que comprende Angostura, Salvador Alvarado y Navolato, llevó a la tribuna una reflexión que trasciende las fronteras partidistas para instalarse en un terreno más amplio: el interés nacional.

Su intervención partió de una premisa fundamental. La soberanía no es una palabra inmóvil escrita en los libros de historia ni una simple referencia constitucional. Es una construcción colectiva que ha costado siglos de luchas, invasiones resistidas, territorios defendidos y generaciones enteras comprometidas con la preservación de la identidad nacional.

Al evocar episodios dolorosos de la historia mexicana, desde las pérdidas territoriales hasta las intervenciones extranjeras, Chávez Chávez recordó que la independencia y la autodeterminación no fueron concesiones gratuitas, sino conquistas obtenidas mediante sacrificios que hoy obligan a las nuevas generaciones a actuar con responsabilidad frente a los desafíos contemporáneos.

El legislador morenista hizo un llamado que merece ser escuchado más allá de las diferencias ideológicas: la defensa de la soberanía corresponde a todos los mexicanos. No es patrimonio de un gobierno, de un partido o de una corriente política. Es una responsabilidad compartida que exige unidad cuando se trata de proteger los intereses nacionales frente a cualquier intento de injerencia externa.

Su mensaje también reivindicó principios históricos de la política exterior mexicana, como la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de los conflictos, valores que durante décadas han dado prestigio internacional a México y que continúan siendo referentes en un mundo marcado por tensiones geopolíticas cada vez más complejas.

Pero el discurso no se quedó únicamente en el terreno simbólico. Chávez Chávez vinculó la soberanía con el desarrollo económico y social del país. Habló de inversión extranjera récord, de estabilidad monetaria, de reducción del desempleo, del fortalecimiento del salario mínimo y de los programas sociales que hoy alcanzan a millones de mexicanos. Desde su perspectiva, la soberanía también se expresa cuando un Estado es capaz de generar bienestar, reducir desigualdades y ampliar oportunidades para su población.

Particular relevancia tuvo su defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien presentó como la representante legítima del Estado mexicano y como la conductora de un proyecto que busca consolidar una visión distinta del desarrollo nacional. Más allá de simpatías o discrepancias políticas, el planteamiento abre una reflexión importante: la fortaleza institucional de un país también depende de la capacidad de sus actores políticos para respaldar la investidura presidencial cuando están en juego los intereses superiores de la nación.

Al final, el llamado del diputado fue sencillo pero profundo. Mirar más alto. Colocar a México por encima de las disputas coyunturales. Defender con hechos y no solamente con discursos los principios que todos los partidos aseguran compartir en sus documentos básicos.

Porque, en efecto, la soberanía no se defiende únicamente en los textos constitucionales ni en las ceremonias cívicas. Se defiende en las decisiones públicas, en la congruencia política y en la capacidad de construir unidad cuando el interés nacional así lo exige.

Esa fue, en esencia, la invitación lanzada desde la tribuna del Congreso sinaloense: recordar que México es más grande que cualquier diferencia partidista y que la defensa de la nación sigue siendo una tarea que convoca a todos.

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