Las imágenes de Punch, el mono que recientemente se hizo viral en redes sociales, han conmovido a miles. En el video, se le ve agarrando un muñeco de peluche en una escena que toca el corazón de cualquiera. Pero más allá de la ternura del momento, su caso también plantea una pregunta importante: ¿qué sienten los animales cuando sufren, cuando están solos, cuando viven tristeza?
La historia de Punch no solo despertó emoción entre quienes vieron el video; también volvió a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces se ignora. Aunque no hablen, los animales también pueden experimentar dolor, miedo, angustia y sufrimiento. Que no puedan decirlo con palabras no significa que no lo estén sintiendo.
Y ese es justamente el punto más importante. Millones de animales sufren tristeza y depresión en silencio. Lo hacen sin poder explicarlo, sin poder pedir ayuda como lo haría un ser humano, pero eso no quiere decir que sus sentimientos no existan. El dolor está ahí. El susto está ahí. La ansiedad está ahí. Su silencio no debe confundirse con indiferencia ni con falta de emociones.
Según los expertos de Best Friends Animal Society, una organización nacional líder en bienestar animal que trabaja para poner fin al sacrificio de perros y gatos en los albergues de Estados Unidos y promover comunidades no-kill, la respuesta es sí: los animales pueden sufrir emocionalmente, y las señales pueden estar mucho más cerca de casa de lo que muchos dueños de mascotas creen.
People en Español habló con uno de los expertos de esta organización, quien compartió orientación sobre la depresión en los animales y explicó qué podemos hacer para ayudarlos. Porque entender su dolor, atender sus cambios y tratarlos con más amor, empatía y responsabilidad también es una forma de protegerlos.
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Cada vez más se habla de depresión en mascotas. ¿Cómo puede un dueño reconocer cuándo su perro o gato está pasando por un episodio de depresión y no simplemente por un cambio de ánimo temporal?
La depresión en mascotas puede parecerse mucho a un simple cambio de ánimo, pero hay señales que los dueños pueden observar cuando estos comportamientos duran más de unos días o interfieren con la rutina normal del animal. Por ejemplo, un perro o gato que está pasando por un episodio de depresión puede mostrar falta de interés en jugar o interactuar, dormir más de lo habitual, perder el apetito y presentar niveles de energía más bajos.
En los perros, otras señales de alerta pueden incluir jadeo constante, dificultad para relajarse y, en algunos casos, dilatación de las pupilas. En el caso de los gatos, es común que tiendan a esconderse, se acicalen de forma excesiva o presenten cambios en su vocalización, con maullidos fuera de lo habitual.
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¿Cuáles son las causas más comunes de depresión en las mascotas: cambios en el hogar, pérdida de un dueño o compañero animal, falta de estimulación o incluso problemas de Salud?
Las causas más comunes de depresión en mascotas suelen estar relacionadas con cambios en su entorno o rutina. Esto puede incluir una mudanza, modificaciones en los horarios de la familia o la ausencia de un dueño o compañero animal. También puede presentarse por la falta de estimulación o actividad física apropiada. Hasta la llegada de un nuevo miembro a la familia puede provocarles ansiedad o depresión porque se pueden sentir reemplazados. En general, las mascotas son muy sensibles a los cambios en su entorno y a la atención que reciben de sus dueños, y cualquier alteración significativa puede afectar su estado de ánimo. Muchos dueños no saben que los animales también pueden desarrollar ansiedad o depresión.
¿Qué señales de alerta deberían tomarse en serio antes de que el problema se Agrave?
Cualquier cambio en el comportamiento es importante de vigilarlo de cerca, pero si notamos que nuestra mascota tiene comportamientos repetitivos y compulsivos como morderse, temblar, ladrar constantemente, maullidos excesivos o destruir objetos, es momento de actuar.
Cuando una mascota está deprimida, ¿qué medidas prácticas pueden tomar los dueños en casa para ayudar a mejorar su estado emocional?
Existen maneras simples de apoyar la salud emocional de las mascotas como, por ejemplo, realizar actividades de enriquecimiento, como paseos tipo ‘sniffari’, rompecabezas de comida, tapetes para lamer y entrenamiento con refuerzo positivo. Para los gatos, es importante ofrecer espacios seguros para esconderse, zonas para trepar en vertical y juguetes interactivos.
Y como las mascotas también dependen mucho del olfato, es recomendable ofrecerles mantitas, juguetes o camas que pueden actuar como anclas emocionales durante transiciones o momentos de estrés, pero siempre se recomienda primero una evaluación veterinaria, ya que algunos problemas médicos pueden reflejarse en cambios de comportamiento y es mejor descartar que exista una causa médica.
En casos más severos, ¿cuándo es recomendable buscar ayuda profesional y qué tratamientos o terapias existen hoy para tratar la depresión en mascotas?
En los casos más severos, es recomendable buscar ayuda profesional cuando los cambios de comportamiento persisten durante varias semanas, se intensifican con el tiempo o comienzan a afectar la calidad de vida de la mascota. El primer paso debe ser siempre una evaluación veterinaria completa, ya que algunas condiciones médicas como dolor crónico, infecciones u otras enfermedades pueden manifestarse con síntomas similares a la depresión o la ansiedad. Por esta razón, en muchos casos el diagnóstico de depresión en mascotas se realiza una vez que se han descartado posibles causas médicas.
Si no se identifica un problema físico, el veterinario puede recomendar la intervención de un especialista en comportamiento animal o un veterinario conductista, quienes trabajan con los dueños para desarrollar planes personalizados que ayuden a tratar problemas emocionales o conductuales en perros y gatos. Actualmente, los tratamientos suelen combinar varias estrategias, entre ellas: Modificación de conducta y entrenamiento con refuerzo positivo, para ayudar al animal a desarrollar nuevas respuestas frente al estrés.
Enriquecimiento ambiental, como juegos mentales, actividad física y rutinas más predecibles. Feromonas, suplementos o nutracéuticos, que pueden ayudar a promover la relajación. Medicamentos ansiolíticos o antidepresivos, en casos más complejos, siempre bajo supervisión veterinaria.




