En momentos de crisis no se necesitan discursos complacientes ni catálogos de buenas intenciones. Se requieren liderazgos probados, con carácter, conocimiento del gremio y la capacidad real de plantarse ante el poder para defender a quienes hoy resisten con la cortina a medio abrir. La elección en la CANACO Culiacán, programada para el próximo 24 de febrero, no es un trámite administrativo: es una definición de rumbo en uno de los contextos más adversos que ha vivido el comercio sinaloense en décadas.
La inseguridad ha dejado de ser una estadística para convertirse en una herida cotidiana. Negocios cerrados, empleos perdidos, calles vacías y empresarios que operan con miedo. En ese escenario, la cámara necesita una voz fuerte, con convicciones, personalidad y experiencia. Y ese perfil, hoy por hoy, lo encarna Héctor Ernesto Monárrez Palazuelos.
Monárrez no es un improvisado ni un candidato de coyuntura. Son más de 20 años de trayectoria dentro de la CANACO los que respaldan su aspiración. Conoce la institución desde dentro, ha participado en consejerías, mesas directivas y procesos clave, y entiende tanto la dinámica interna como la realidad del comerciante de a pie. Su propuesta no parte del diagnóstico superficial, sino de la experiencia acumulada y del contacto directo con los socios que hoy exigen una cámara que los defienda, no que los administre.
Frente a ello, la opción de la continuidad resulta, cuando menos, cuestionable. María Guadalupe Zavala Yamaguchi busca una tercera reelección en un momento en el que el gremio reclama autocrítica y renovación. Más allá de su trayectoria empresarial personal, la prolongación de una dirigencia en un contexto de crisis profunda envía un mensaje equivocado: el de la inercia institucional y el desgaste del liderazgo. Las cámaras empresariales no están diseñadas para eternizar proyectos personales, sino para renovarse y responder con eficacia a los nuevos retos.
Por otro lado, la candidatura de Sergio Armenta Castro pone sobre la mesa un discurso sensible y cifras alarmantes sobre el impacto de la violencia en el comercio, pero su propuesta se queda en el terreno de las buenas intenciones. Denunciar la pérdida de más de 7 mil empleos y miles de negocios cerrados es necesario, pero no suficiente. La CANACO no necesita solo un portavoz del malestar, sino un conductor con la solidez, la experiencia y la estructura necesarias para negociar, presionar y construir soluciones reales. En tiempos tan complejos, el aprendizaje sobre la marcha puede resultar demasiado costoso para el sector.
Héctor Monárrez plantea algo distinto: un liderazgo activo, de calle, no de escritorio; una cámara que forme, acompañe y defienda; un plan de rescate empresarial que incluya capacitación permanente, financiamiento para MiPyMEs, fortalecimiento del comercio local y una postura firme ante la crisis de inseguridad. Su exigencia de un proceso electoral equitativo no es un capricho, sino una señal clara de su compromiso con la transparencia y la vida democrática del organismo.
La CANACO Culiacán enfrenta una disyuntiva clara: seguir apostando por la continuidad desgastada o por discursos bien intencionados, o bien optar por la experiencia con visión, el carácter probado y la capacidad de liderazgo que hoy demanda el comercio organizado. En tiempos de incertidumbre, la experiencia no es un lujo: es una necesidad. Y en esa lógica, Héctor Monárrez Palazuelos representa una oportunidad real de cambio con sustento, no de cambio retórico.
El 24 de febrero no solo se elegirá a un presidente de cámara. Se decidirá si la CANACO será un actor pasivo frente a la crisis o una voz firme y respetada en defensa del comercio sinaloense. Hoy, más que nunca, el gremio necesita liderazgo con peso específico. Y ese peso lo da la experiencia.




