Gracias al cloruro de zinc y otros materiales vegetales se consiguió una momificación total sin la extracción de todos los órganos
En un hallazgo que ha captado el interés de la comunidad científica, un equipo internacional ha identificado una inusual técnica de momificación en Austria. La momia, perteneciente a un sacerdote fallecido en 1746, fue descubierta en una cripta de la iglesia de St Thomas am Blasenstein. El excelente estado de conservación del cuerpo llamó la atención de los investigadores, que realizaron análisis detallados para determinar el origen del fenómeno.
El responsable del estudio, un patólogo de la Universidad Ludwig Maximilians, explicó que la conservación se logró mediante el secado interno del cadáver. Para ello, se rellenó la cavidad abdominal, accediendo a través del recto, con virutas de madera, ramitas y tejidos vegetales. Además, se utilizó cloruro de zinc, un compuesto químico con propiedades deshidratantes, que habría contribuido significativamente a la preservación del torso.
Los análisis incluyeron tomografías computarizadas, datación por radiocarbono y estudios químicos, que confirmaron tanto la identidad del sacerdote como datos sobre su salud y estilo de vida. Los tejidos usados en el proceso incluían lino, cáñamo y lino bordado, junto con fragmentos de seda, elementos comunes en la localidad donde vivió. Estos materiales absorbieron los fluidos internos, lo que evitó la descomposición rápida.

Curiosamente, el estudio reveló también la presencia de una cuenta de vidrio en el interior del cuerpo, posiblemente introducida accidentalmente durante la preparación. La técnica empleada no se había documentado previamente y representa una variante efectiva de embalsamamiento, sin recurrir al vaciado completo de órganos. Este descubrimiento ofrece nuevas perspectivas sobre las prácticas funerarias europeas del siglo XVIII y sus recursos locales.





