La explicación está en la poderosa conexión entre el cerebro y el intestino

No existe una respuesta fácil a esta pregunta, pero todos sabemos que en determinadas ocasiones parece imposible parar de comer chocolate, bollería o refrescos, aunque sabemos que no es lo mejor para nuestra dieta. ¿Por qué no nos pasa lo mismo con alimentos más sanos como por ejemplo el brócoli? La respuesta está en la química y en el intestino, el "segundo cerebro" de nuestro cuerpo.

"Adía de hoy hay bastante controversia acerca de este tema", explica Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y autor del blog Gominolas de Petróleo. "Entre los expertos en la materia hay principalmente tres posicionamientos: algunos no creen que la alimentación ni los alimentos tengan algo que ver con las adicciones, otros piensan que sí hay alimentos adictivos, que producen efectos sobre nuestro organismo parecidos al de una droga, en el sentido de que provocan la segregación de sustancias que aportan placer (por ejemplo, dopamina); y por último, otros expertos creen que lo que existe es la adicción al hábito de comer", puntualiza Lurueña, que acaba de publicar Que no te líen con la comida (Destino), donde aborda las claves esenciales para aprender qué es comer bien y en qué tenemos que fijarnos cuando compramos para evitar engaños y elegir alimentos realmente saludables.

ALIMENTOS CON ALTA DENSIDAD CALÓRICA BAJO SOSPECHA

"Sí que hay una serie de alimentos que consideramos como potencialmente adictivos y con los que coincidimos la mayoría", opina Virginia Gómez, dietista-nutricionista especializada en nutrición y dietética para enfermedades del aparato digestivo y alimentación saludable, más conocida en redes como Dietista Enfurecida. "Normalmente se trata de alimentos de muy alta densidad calórica, es decir, que contienen muchas calorías en poco volumen y muy palatables, es decir, que consideramos que están muy buenos. Esto último, a nivel de composición suele venir dado por la cantidad de azúcar, grasa y sal que contienen".

EL PICOTEO RECONFORTANTE

No existe un único mecanismo como tal que explique esta adicción, aunque hay estudios muy llamativos que muestran que el consumo de azúcar estimula las mismas regiones cerebrales que la cocaína. "Pero esto es sólo una pequeña parte del puzzle", matiza Virginia Gómez. "Para empezar, cualquier persona no puede desarrollar una adicción y menos con la comida, se tienen que dar una serie de factores. Pensemos que cuando buscamos este tipo de alimentos tan concretos no lo hacemos, por ejemplo, un día que nos vamos de rebajas, los buscamos en momentos concretos, como tras un día largo de trabajo, cuando volvemos cansados y nos sentamos en el sofá. Es nuestro momento de liberar tensiones, de buscar alivio... y ¿hay algo más accesible, barato y socialmente aceptado que la comida?".

LOS OBSTÁCULOS DE LA ALIMENTACIÓN MÁS SALUDABLE

En teoría seguirla es muy fácil. Casi todo el mundo sabe que lo que hay que hacer es alimentarse básicamente a partir de alimentos frescos o poco procesados, principalmente de origen vegetal: verduras, hortalizas, legumbres, etc., a los que podemos añadir otros, como pescado, huevos, etc. Es decir, debe estar basada en alimentos saludables, evitando o reduciendo en la medida de lo posible los insanos como la bollería, los postres lácteos azucarados, los refrescos o las carnes procesadas.

"El problema es que llevar esa teoría a la práctica suele resultar muy complicado porque hay muchos obstáculos que se interponen en nuestro camino: desinformación, desconocimiento, trucos publicitarios, etc.", explica Lurueña. "Para conseguirlo es fundamental contar con conocimientos e información veraz que nos permita discernir entre lo que es saludable y lo que no lo es, porque a menudo no es tan fácil como parece. ¿Unos cereales de desayuno enriquecidos con vitaminas y minerales lo son? Necesitamos conocimientos que nos permitan también saber lo que elegimos a la hora de hacer la compra. Por ejemplo, ¿es mejor lo "natural" y lo "ecológico"?, ¿Eso que parece queso rallado realmente lo es?. En este sentido es fundamental aprender a consultar y a interpretar las etiquetas para saber lo que compramos y no caer en engaños", recomienda.

LA INCRÍBLE CONEXIÓN CEREBRO-INTESTINO

Blanca García-Orea es una nutricionista clínica que se ha especializado en nutrición digestiva y hormonal. Acaba de publicar el libro Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes, donde explica, entre otras cosas, las claves del intestino y por qué se le apoda el "segundo cerebro".

"En el intestino habitan microbios y células nerviosas que se comunican entre ellas y con el cerebro de manera bidireccional, esto se conoce como eje intestino-cerebro. De esta manera, se mantienen continuamente informados sobre como van las cosas en ambos extremos. La parte del sistema nervioso encargada de controlar el aparato digestivo, el sistema nervioso entérico, se conoce como "segundo cerebro". Existe un tráfico constante de sustancias químicas y hormonas que proporcionan información sobre si tenemos hambre o no, si estamos estresados...", explica. "Aproximadamente el 90% de la serotonina y el 50% de la dopamina, los neurotransmisores que actúan directa o indirectamente en la modulación del comportamiento, se producen en el intestino. De ahí que sea relevante la salud intestinal en relación con la ansiedad, la depresión, el estado de ánimo y otro tipo de conductas", explica.

La serotonina regula los niveles corporales de felicidad, lo que va ligado a "la sensación de tranquilidad, calma, bienestar y relajación". Ayuda a aliviar los estados depresivos, la ansiedad, regula los ciclos sueño-vigilia, la manifestación de náuseas, el apetito y la saciedad, la agresividad, la temperatura corporal y la actividad sexual. Entre los alimentos que estimulan la serotonina están el aguacate, las legumbres, el kéfir, los frutos rojos, el pavo, las nueces, las semillas de sésamo y chía y la avena.

La dopamina, el neurotransmisor asociado a a alegría, el aprendizaje y la recompensa y más relacionado con la salud emocional, es estimulada por otros alimentos entre los que destacan: los frutos secos como nueces y almendras, las semillas de sésamo, girasol y calabaza, la remolacha, el plátano, la manzana, el chocolate negro (con más de un 85% cacao), el té verde, el ejercicio físico y la música.

EL AZÚCAR ES ADICTIVO

Para García-Orea, podemos llegar a ser adictos a aquellos alimentos que nos ayuden a aumentar el triptófano en sangre, el precursor de la serotonina. "Cuando se consume azúcar, aumentan los niveles de triptófano, esto implica que tras el consumo de azúcar empiezas a sentirte mejor, como con sensación euforia, pero un rato después el cuerpo se autorregula de manera natural y acaba siendo necesario el aporte de azúcar para llegar al punto anterior. También modifica el nivel de dopamina, asociado a todo lo placentero y a la recompensa. Las personas más sensibles a estos neurotransmisores son más propensas al consumo elevado de azúcar y la dependencia de la misma porque a través de su ingesta son capaces de llegar a compensar ese déficit".

En definitiva: los alimentos más adictivos son los que incrementan el azúcar en sangre, entre ellos las harinas refinadas (galletas, bollería industrial, harinas blancas, etc), los azúcares añadidos a galletas, bollos, refrescos y zumos industriales y el alcohol.

¿EXISTE ALGÚN ALIMENTO ADICTIVO SANO DEL QUE PODAMOS COMER TODO LO QUE QUERAMOS?

"Sí hay alimentos que usualmente se consideran adictivos pero son sanos, aunque eso dependerá de cada persona: el queso, los dátiles, los frutos secos... pero todo en exceso suele ser malo. Y luego están las personas a las que, por ejemplo, les gusta lo crujiente: pepinillos en vinagre, zanahoria cruda...", apunta Dietista Enfurecida.

Virginia Gómez, acostumbrada a tratar pacientes que acuden a su consulta en busca de una dieta, también se encuentra con casos de personas que no saben cómo librarse de esas adicciones. "Es bastante habitual pero esto no es necesariamente malo: acudir con cierta frecuencia a alimentos que nos proporcionan ese alivio que muchas veces buscamos puede ser una vía de escape. El problema es qué alimentos escogemos, con qué frecuencia y cuál es el objetivo: si tomo una onza de chocolate 85% después de comer, probablemente esto no tenga ningún impacto. Pero, si el objetivo es perder peso y comer mejor y todas las tardes tomas bollería es un poco un autoboicot hacia el objetivo que quieres conseguir", explica.

Gómez recomienda en los casos más severos el trabajo con profesionales de la psicología para que te ayuden a entender qué función cumple ese "alimento adictivo", que estás incorporando a pesar de ir contra tus propios intereses. "Muchas veces lo que más les cuesta a las personas es ser flexibles. Es muy cómodo estar en un todo o nada: o lo hago todo perfecto o si me salgo de la dieta, la lío. Es imposible e incluso insano hacerlo todo perfecto siempre... por no hablar de los momentos de socialización. Es mejor pensar que si hoy tengo un cumpleaños, voy a comer tarta y a beber coca cola porque me apetece mucho, no pasa nada porque soy capaz de comer bien en mi día a día". Esto es, en definitiva, el objetivo: tener una buena relación con la comida.