{"id":30647,"date":"2022-05-09T10:00:00","date_gmt":"2022-05-09T16:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/fuentesfidedignas.com.mx\/?p=30647"},"modified":"2022-05-09T15:36:46","modified_gmt":"2022-05-09T21:36:46","slug":"laingobernableencuentrosydesencuentrospropologo1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fuentesfidedignas.com.mx\/index.php\/2022\/05\/09\/laingobernableencuentrosydesencuentrospropologo1\/","title":{"rendered":"La ingobernable: encuentros y desencuentros con Elena Garro"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>En <em>Fuentes Fidedignas<\/em>, nos hemos dado a la tarea de hacer una recopilaci\u00f3n de entrevistas, escritos y columnas de nuestro director Luis Enrique Ram\u00edrez. En esta ocasi\u00f3n, estamos compartiendo con ustedes, queridos lectores, el inicio del libro <em>La ingobernable: Encuentros y desencuentros con Elena Garro<\/em>, publicado en el a\u00f1o 2000 por Hoja Casa Editorial (Raya en el Agua).<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cPareces morrito\u201d le dicen en su tierra. \u201cEres un rifl\u00f3n\u201d le gritan en alusi\u00f3n a su estatura, pero su apodo all\u00e1 es justamente \u201cEl Rayo\u201d, \u201cEl Rayito\u201d desde su \u00e9poca de estudiante de periodismo: todos los d\u00edas sal\u00eda de la escuela \u201checho la mocha\u201d, volando para llegar a tiempo a trabajar en El Diario. Luis Enrique, debo decir, conquista a quien se le pone enfrente, ha desarrollado una capacidad extraordinaria para caer bien y darse a querer.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Para Luis Enrique Ram\u00edrez sus encuentros con Elena Garro fueron, m\u00e1s que entrevistas, tatuajes en su vida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Pr\u00f3logo, por Elena Poniatowska<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>El golpe del rayo<\/em><\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp; Cuando Luis Enrique Ram\u00edrez me hizo part\u00edcipe de su deslumbramiento por Elena Garro, me vi en su espejo. Cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s sufr\u00ed similar arrobo. \u00c9l la conoci\u00f3 en Noviembre de 1991. Fue <em>el coup de foudre, <\/em>como dicen los franceses, el golpe del rayo. Qued\u00f3 marcado por un estigma. Luis Enrique 28 a\u00f1os y Elena 75. Ella regresaba a M\u00e9xico despu\u00e9s de dos d\u00e9cadas de ausencia. \u00c9l ven\u00eda de Culiac\u00e1n donde la ley\u00f3 casi ni\u00f1o y acto seguido, la empez\u00f3 a buscar, obsesivo como es, por todas partes. Se empe\u00f1\u00f3 en dar el cuarto testimonio sobre Mariana. \u201c\u00bfQui\u00e9n es Elena Garro?\u201d, pregunto en la Librer\u00eda M\u00e9xico &#8211;la \u00fanica que exist\u00eda entonces en su tierra&#8211; , en la biblioteca\u2014una sola tambi\u00e9n&#8211;,en el grupo de teatro local, en el peri\u00f3dico, en la Universidad, en el taller literario, nada. Elena Garro era un nombre maldito. Anatemizada por la clase intelectual y por los estudiantes del movimiento de 1968, No se atrevi\u00f3 a regresar a su pa\u00eds hasta que&nbsp; Emilio Carballido y la mujer de Rene Avil\u00e9z Fabila Rosario Casco, fueron por ella y por su hija Elena a Paris, enviados por Jos\u00e9 Mar\u00eda Fern\u00e1ndez Unsa\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Emilio Carballido siempre fue un amigo cercano de la Garro, su colega y confidente. Cuando fui con \u00e9l a Par\u00eds a <em>Les belles etrangeres <\/em>en 1989 le dije que me encantar\u00eda visitar tanto a Elena Paz como a Elena mam\u00e1. Consult\u00f3 y la respuesta fue tajante: no, Viv\u00edan en un departamento maravilloso en la rue de <em>l\u2019Ancienne Com\u00e9die,<\/em> frente a otro que perteneci\u00f3 a Moli\u00e8re, muy cerca de un caf\u00e9 tambi\u00e9n c\u00e9lebre: El Procope. Decorado en tonos marfil y beige, el duplex era un dechado de refinamiento y buen gusto seg\u00fan Bambi y Alberto Gironella que lo ocuparon en un viaje de las dos Elenas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Para Luis Enrique Ram\u00edrez sus encuentros con Elena Garro fueron, m\u00e1s que entrevistas, tatuajes en su vida. La escuch\u00f3 embelesado, primero en casa de Davaki Garro y luego en el min\u00fasculo departamento que habit\u00f3 hasta su muerte en Cuernavaca, en una subidita cerca del Casino de la Selva. Deva viv\u00eda en su mundo, aislada de la realidad y le pregunt\u00f3 al reportero a boca de jarro: \u201c\u00bfTu mam\u00e1&nbsp; como se lleva con sus nietos?\u201d Luis Enrique se desconcert\u00f3 porque su mam\u00e1 no ten\u00eda nietos y Deva ni la conoc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda la vida me he preguntado por qu\u00e9 Elena Garro ejerci\u00f3 tan definitiva influencia en casi todo aquel que la conoci\u00f3. Su impacto en los j\u00f3venes que se le acercaron era brutal. Adem\u00e1s,&nbsp; la leyenda tejida en torno a ella resulta de una atracci\u00f3n formidable. Sin embargo, amigos no la buscaban y apenas si hablan de ella que, a su vez, parec\u00eda empe\u00f1ada en alejarlos. A Elena Garro le gustaba vivir rodeada de j\u00f3venes, siempre ten\u00eda sed de sangre nueva como Erszbeth Gatory, \u201cla condesa sangrienta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Luis Enrique ten\u00eda todo para gustarle a Elena Garro. Alto (mide 1.86), muy delgado, muy callado y muy risue\u00f1o, sabe escuchar. Se vuelve entra\u00f1able con su eterno aire de desamparo, sus ojos ani\u00f1ados y su forma de ser tambi\u00e9n de ni\u00f1o, como un beb\u00e9 ranchero. \u201cPareces morrito\u201d le dicen en su tierra. \u201cEres un rifl\u00f3n\u201d le gritan en alusi\u00f3n a su estatura, pero su apodo all\u00e1 es justamente \u201cEl Rayo\u201d, \u201cEl Rayito\u201d desde su \u00e9poca de estudiante de periodismo: todos los d\u00edas sal\u00eda de la escuela \u201checho la mocha\u201d, volando para llegar a tiempo a trabajar en <em>El Diario<\/em>. Luis Enrique, debo decir, conquista a quien se le pone enfrente, ha desarrollado una capacidad extraordinaria para caer bien y darse a querer. Su encanto radica en una mezcla de abandono de s\u00ed mismo, de infancia no resuelta y de escepticismo, porque ni siquiera la publicaci\u00f3n de un libro lo saca de su marasmo. No se cree ning\u00fan elogio pero vive pendiente de los agravios. Es un ser complejo y huidizo. Posee todas las cualidades que pueden gustarle a una mujer, a un hombre, a un perro o a un pescado, pero est\u00e1 solo. \u201cNo estoy solo, soy solo\u201d corrige. Muchos han querido ponerle la mano encima y han fracasado. Luis Enrique escapa entre risas y viene a meterse a la bolsa de mi saco. In\u00fatil decir que a m\u00ed, mam\u00e1-gallina confesa, tambi\u00e9n me ha vuelto mam\u00e1-canguro y nos la pasamos brinco y brinco. Re\u00edmos como si fu\u00e9ramos felices.<\/p>\n\n\n\n<p>En un texto titulado \u201cAqu\u00ed, all\u00e1\u201d,&nbsp; escrito para presentar la antolog\u00eda literaria <em>Sinaloa, Lengua de tierra<\/em> que realiz\u00f3 Leo Eduardo Mendoza, Luis Enrique incluy\u00f3 algunas l\u00edneas autobiogr\u00e1ficas que considero pertinente reproducir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSoy Norte\u00f1o de naci\u00f3n y a las pruebas me remito: de la ColPop, barrio de cholos y de boxeadores en el que vi surgir, adolescente, una figura extra\u00f1a: un escritor, Elmer Mendoza, <em>El Fili<\/em> le dec\u00edamos porque su segundo nombre es Filem\u00f3n, hijo mayor de do\u00f1a Librada Valenzuela, a quien mi madre, do\u00f1a Quena Ramos, suplic\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c-Ay oiga, d\u00edgale al Fili que venga a ver a este plebe, porque cada d\u00eda lo veo m\u00e1s raro. O sali\u00f3 escritor como \u00e9l o est\u00e1 tumbado del burro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHasta mi rec\u00e1mara acondicionada como universo personal lleg\u00f3 Elmer Mendoza y sonri\u00f3 con indulgencia al leer mis poemas quincea\u00f1eros. La verdad, ni yo logro explicarme c\u00f3mo don Heberto Sinagawa fue capaz de publicar en el suplemento dominical de <em>El Sol<\/em> aquella mi creaci\u00f3n literaria de cuya factura da cuenta el primer t\u00edtulo: \u201cSoledad \u00bfsiempre estar\u00e1s conmigo?\u201d. Todas las frases terminaban en \u201cigo\u201d. Eran como de Pita Amor cuando se le van las cabras. Me dijo el Fili que no, que por ah\u00ed no era la cosa, que chale, que suerte pa\u2019 la pr\u00f3xima.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDesist\u00ed del sue\u00f1o guajiro de ser poeta y en 1980 me volv\u00ed algo peor: periodista por obra y gracia de un taller en la Asociaci\u00f3n de Periodistas de Sinaloa, la APS, que estaba frente a mi prepa, la Cervantes. El <em>teacher<\/em> Carlos Vel\u00e1zquez me consigui\u00f3 empleo en <em>El Diario<\/em>, que quedaba junto, y luego curs\u00e9 la licenciatura en la Escuela de Comunicaci\u00f3n Social a la que sigo debiendo, entre otras cosas, algo as\u00ed como 15 materias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMe vine a M\u00e9xico en 1987. El desarraigo a que me obliga el alt\u00edsimo costo del pasaje es compensado por la amistad de los \u201cpaisas\u201d y su gran consuelo. Aqu\u00ed uno siempre est\u00e1 solo, es cierto, y all\u00e1 puede que no; ser escritor en Sinaloa, sin embargo, es de a tiro complicado, Hace una d\u00e9cada, casi imposible. O sea que est\u00e1 de la chingada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En M\u00e9xico, a Luis Enrique Ram\u00edrez no le result\u00f3 dif\u00edcil entrar a <em>El Financiero<\/em> y m\u00e1s tarde a <em>La Jornada<\/em>; ha estado tambi\u00e9n en <em>El Nacional<\/em> y en <em>El Universal<\/em> y ahora se encuentra en la formidable revista <em>Milenio<\/em>. Ha hecho suya la ciudad de M\u00e9xico, aunque le apasiona hablar de su tierra:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUn m\u00ednimo reducto de los Mayos recuerda a los sinaloenses que por muy g\u00fceros de rancho o por muy grandotes que sean algo tienen de indios. El resto de las tribus originales de la zona, cuentan los cronistas, fueron abatidas por rebeldes, por tercas y sobre todo por orgullosas. La figura de Nu\u00f1o de Guzm\u00e1n, el m\u00e1s sanguinario de los colonizadores, marc\u00f3 en Sinaloa el inicio de una forma singular de la escritura impuesta por Castilla\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSi la historia de M\u00e9xico ha debido ser documentada por sajones, Sinaloa ni siquiera ha merecido el inter\u00e9s extranjero durante estos cinco siglos. La miop\u00eda centralista, por otro lado, reduce a fen\u00f3menos municipales libros hist\u00f3ricos tan importantes como los de Heberto Sinagawa, H\u00e9ctor R. Olea, Antonio Pineda, Antonio Nakayama, Alejandro Hern\u00e1ndez Tyler, Jos\u00e9 C. Valad\u00e9s. La misma ingratitud han padecido los reportajes sobre historia culichi de Mar\u00eda Teresa Zazueta, matriarca de las nuevas generaciones de periodistas en la entidad que, como ella en los inicios del <em>Noroeste<\/em> (los mejores tiempos de aquel diario, y cuando fue dirigido por Silvino Silva Lozano) se empe\u00f1an hoy en el registro de esta tierra brava o bronca o b\u00e1rbara seg\u00fan Jos\u00e9 Vasconcelos cuando Sentenci\u00f3: \u201cLa barbarie comienza con el olor de la carne asada\u201d. Algo as\u00ed debi\u00f3 pensar Nu\u00f1o de Guzm\u00e1n hace cerca de 500 a\u00f1os, cuando construy\u00f3 bajo la ciudad de San Miguel de Culiac\u00e1n extensos t\u00faneles que confluyen en el cerro de La Divisa. As\u00ed logr\u00f3 evadir los ataques de los combativos ind\u00edgenas de la regi\u00f3n cuyo genocidio requiri\u00f3 cientos de a\u00f1os; fue el presidente Porfirio D\u00edaz quien les dio el tiro de gracia&nbsp; a principios de este siglo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Le fascina tambi\u00e9n su lenguaje nativo. \u201cAll\u00e1 en los Mochis los plebes bichis juegan a las catotas con las cuachas de los tochis, solemos decir los sinaloenses para impresionar a los chilangos\u201d, me cuenta, pero yo s\u00ed necesito traducci\u00f3n, y eso quiere decir que en la ciudad de Los Mochis los ni\u00f1os desnudos juegan a las canicas con las caquitas de las codornices. Dicen tambi\u00e9n: \u201cAndo colti porque la cuilta me qued\u00f3 boschi\u201d, que significa \u201ctraigo tort\u00edcolis porque la cobija&nbsp; me qued\u00f3 corta\u201d. Me gusta otra frase que usa mucho: \u201cEres cabr\u00f3n y te levantas tarde\u201d, que podr\u00eda ser aplicada a \u00e9l mismo; dice que duerme en un sarc\u00f3fago y que es \u201cguampiro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El p\u00e1rrafo final del texto citado puede aclararnos muchas cosas \u201cacerca de la naturaleza del sinaloense, de este modo de decir las cosas que tenemos y que espanta de pronto a quienes suelen cubrir todo de una falsa suavidad, de hipocres\u00eda. Que hablamos a gritos, dicen, pero es que en el valle hay que hablar recio; de lo contrario, las palabras se las lleva el viento, los aironazos, los ciclones. No podemos hablar quedito. Ahora que es la hora de cambiar, de recuperar la dignidad&nbsp; y de fajarnos, tal vez ser\u00eda bueno que todos en este pa\u00eds comenz\u00e1ramos hablar derecho y alto, subirle de volumen, gritar. As\u00ed como all\u00e1. Como verdaderos hombres, como verdaderas mujeres\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Encuentro en Elena Garro mucho del ser norte\u00f1o y grandes afinidades con Luis Enrique Ram\u00edrez. Alta, rubia, de largu\u00edsimas piernas, bragada, valiente, francota, atrabancada, entrona, oscilante entre los extremos de la indignaci\u00f3n y la piedad, la valent\u00eda y el miedo, con ese coraje como signo de vida tan propio de la gente del norte, la define a la perfecci\u00f3n el t\u00edtulo de este libro, <em>La ingobernable.<\/em> Luis Enrique es otro ingobernable. Me gusta la gente as\u00ed. En Elena y Luis Enrique, sin embargo, lamento que este rasgo de car\u00e1cter tenga que ver con la autodestrucci\u00f3n, la p\u00e9rdida, la desolaci\u00f3n, el vac\u00edo que ambos han intentado llenar al rodearse de gatos. A los de Elena Garro no los conoc\u00ed y creo que hasta ella perdi\u00f3 la cuenta de cuantos eran. Los de Luis Enrique son 7, que seg\u00fan \u00e9l es n\u00famero de buena suerte, y han llegado solitos. \u201cEllos me eligieron\u201d, asegura, rodeado por ellos en su casa de muchacho soltero para siempre jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>A todos se los mand\u00f3 castrar Carlos Monsiv\u00e1is que, trat\u00e1ndose de gatos, es de lo m\u00e1s generoso: los intern\u00f3 a su cuenta en un hospital veterinario exclusiv\u00edsimo, algo as\u00ed como el \u201cHumana\u201d de los gatos, donde les hicieron radiograf\u00edas, ultrasonidos, scanner, electrocardiogramas, pruebas de embarazo, papanicolau, alineaci\u00f3n y balanceo, tomas de sangre, de orina y copro, los anestesiaron, los mantuvieron tres d\u00edas en sala de recuperaci\u00f3n con una enfermera a un lado, su \u201cpato\u201d y su cat\u00e9ter, les dieron apoyo psicol\u00f3gico y un curso de urbanidad y protocolo y se los devolvieron a Luis Enrique luego de pasar por la dietista \u2013estaban gord\u00edsimos-, el cosmet\u00f3logo y el estilista. A \u201cManzanita\u201d, la menor y la \u00fanica g\u00fcerita del clan, casi no la reconoc\u00eda porque el cirujano pl\u00e1stico le corrigi\u00f3 el labio leporino y le aument\u00f3 el <em>derriere<\/em>. En agradecimiento, Luis Enrique bautiz\u00f3 a la mayor con el segundo nombre de Monsiv\u00e1is: Pascual. \u201cLa madamcita Pascuala\u201d, se llama la gata que es preciosa y tiene la peculiaridad de ser mudita. Hay una belleza negra que lleg\u00f3 embarazada, tuvo 4 hijos y se llama \u201cLa 10 de Mayo\u201d. Sus reto\u00f1os son \u201cEl Caballito\u201d (el m\u00e1s guapo de todos), \u201cEl General\u201d (que tiene un bigotito de Chaplin), \u201cJuanita\u201d (la loca) y \u201cDita\u201d (alias \u201cLa Chupacabras\u201d; para unir nombre y apodo, a veces le dice \u201cLa Chupadita\u201d). Con Luis Enrique como jefe del hogar, forman una familia y viven, dice \u00e9l, \u201cen la calle de los excusados\u201d: Divisi\u00f3n del Norte, donde hay cientos de tiendas de enseres para ba\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde vendr\u00e1 el amor de Elena y Luis Enrique por los gatos? Tienen, los dos, mucho de felinos: misteriosos, arrogantes, ensimismados, impenetrables, curiosos y a la vez ausentes, desconcertantes. Adem\u00e1s ambos odian a los feos, a los gordos y los chaparros, a los vulgares y para calificarlos siempre recurren a la palabra \u201crepugnante\u201d. Aunque Luis Enrique no es nada despectivo, admira en otros la soberbia, la altaner\u00eda y desplantes tales como los de Elena Garro. \u201cEs mam\u00f3n, pero le queda\u201d, suele decir de ciertos personajes que ha conocido en la far\u00e1ndula y en las <em>elites<\/em> pol\u00edticas y culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Su reino no es de este mundo. Elena y Luis Enrique comparten un universo que poco tiene que ver con la realidad y mucho con sus fantas\u00edas. Paranoicos, Elena vivi\u00f3 creyendo que la persegu\u00edan y Luis Enrique jura que el mundo entero lo odia. Yo creo que ni a Elena la persegu\u00edan&nbsp; ni a Luis Enrique lo odian, o de plano la loca soy yo. Cuando&nbsp; Elena se convenc\u00eda de&nbsp; que nadie venia tras ella y la sombra que vio fue imaginaria se quer\u00eda morir de la frustraci\u00f3n, y Luis Enrique pone cara de \u201cfuchi\u201d cuando el supuesto enemigo se le echa encima a besos. \u201cEs que es hip\u00f3crita\u201d, dice acto seguido.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos compartieron, tambi\u00e9n, como signo supremo, su fascinaci\u00f3n por la belleza. En Luis Enrique es casi un fen\u00f3meno mimetismo, se transforma frente a ello que le llena los ojos, lo hipnotiza y su af\u00e1n siempre ser\u00e1 m\u00e1s contemplativo que de posesi\u00f3n. A Elena la vi alelada frente a la impotente Marlene Dietrich, y sin embargo a mi Elena me parec\u00eda m\u00e1s hermosa que la diva alemana y hasta le suger\u00ed asegurara sus piernas&nbsp; en no s\u00e9 cu\u00e1ntos millones por que Antonio Pel\u00e1ez me cont\u00f3 que Marlene lo hizo en el Morgan Guaranty Trust en Nueva York. Al ver a la Dietrich cuajada en diamantes, me parec\u00eda quien que deb\u00eda lucirlos era Elena (por cierto una vez le o\u00ed decir que antes los pol\u00edticos le daban diamantes a sus amantes y ahora les daban un puesto en el gobierno).<\/p>\n\n\n\n<p>Conoc\u00ed a Elena garro en 1954. Con su voz delgadita parec\u00eda no romper un plato, hablaba entre murmullos y uno aguzaba el o\u00eddo seguro de la sorpresa inminente. En cambio su risa, franca, abierta, fuerte como sus dientes blanqu\u00edsimos, era irrupci\u00f3n de alegr\u00eda. Siempre que llegue, primero a su departamento de Nuevo Le\u00f3n y luego a su casa de Alencastre en las Lomas, la encontr\u00e9 sentada en la alfombra. No usaba otro color en su ropa que el beige, a veces tambi\u00e9n el amarillo y el ocre. \u201cMe gustan los colores del sol\u201d, Tomaba caf\u00e9, discut\u00eda con Octavio Paz, miraba con peculiar gesto de extra\u00f1eza a su hija Helena, \u201cla Chatita\u201d, que ten\u00eda el cabello corto&nbsp; y casta\u00f1o, era alta&nbsp; y delgada como su madre. Se parec\u00eda m\u00e1s a Octavio, pero emanaba por todos los poros el deseo de parecerse a Elena. Hechizada por su madre, la ni\u00f1a recogi\u00f3 sus palabras casi con ansiedad y le dec\u00eda cada tanto: \u201cEres la mejor escritora del mundo\u201d, \u201cQuiero ser grande para ser como t\u00fa\u201d. Elena no tomaba en serio sus jaculatorias y segu\u00eda con el libro de su pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo mal de \u201cla chata\u201d lo padec\u00edamos Juan de la Cabada, Juan Mart\u00edn, Jorge Portilla, Carlos Fuentes, Juan Garc\u00eda Ponce, Ana Mar\u00eda y Ram\u00f3n Xirau, Juan Soriano, Juan Soriano, Diego de Mesa y yo. Portilla se atormentaba, le rend\u00eda pleites\u00eda. Creo que se enamor\u00f3 perdido, todo \u00e9l era para ella, Elena, ni en cuenta; de vez en cuando le echaba una mirada ir\u00f3nica. Ella era la de la palabra. Octavio Paz re\u00eda, le festejaba sus ocurrencias pero atajaba de pronto su avalancha de frases lapidarias: \u201cNo Elena, eso no es cierto\u201d. Entonces, un rel\u00e1mpago de rabia oscurec\u00eda los ojos de az\u00facar quemada de su mujer. En general, los ojos de Elena eran confinados, chispeantes, burlones, los de \u00e9l azules, m\u00e1s dispuesto a la entrega, a la indulgencia. En aquellos a\u00f1os pens\u00e9 que Octavio era demasiado tolerante. Aseguraba a Elena que todo cuanto escrib\u00eda, as\u00ed sobre las rodillas y en medio del barullo&nbsp; era extraordinario. Nunca he visto a un ser humano estimular tanto a otro.<\/p>\n\n\n\n<p>En el suelo, entre caf\u00e9 y caf\u00e9, ten\u00eda lugar los juegos de mesa que le divert\u00edan a Octavio, las charadas, las adivinanzas, los juegos de adolescentes. Alguna vez le pregunte a Elena: \u00bfQu\u00e9 es la belleza? \u201cUn misterio\u201d, respondi\u00f3 y yo resolv\u00ed que ese misterio era ella. No ha dejado de serlo. No volv\u00ed a verla personalmente desde 1965 hasta su muerte, pero siempre estuve pendiente de ella y de su obra (he visto <em>Un hogar s\u00f3lido<\/em> en sus nuevos montajes y me ha seducido tanto como la primera vez).<\/p>\n\n\n\n<p>La ingobernable. El ingobernable. En los grupos de Alcoh\u00f3licos An\u00f3nimos, de Narc\u00f3ticos An\u00f3nimos, Comedores Compulsivos, quienes no se atreven a presentarse del modo en que exige de acuerdo como los famosos 12 pasos de este tipo de terapias (\u201cMe llamo Fulano y soy alcoh\u00f3lico\u201d, \u201c Me llamo zutano y soy drogadicto\u201d, Me llamo Mengano y soy un trag\u00f3n\u201d) pueden decir sencillamente: \u201csoy ingobernable\u201d. Si, la ingobernabilidad suele tener que ver con la auto destrucci\u00f3n. A veces pienso que no m\u00e1s x caprichoso obedecen el buen concepto. Elena escribi\u00f3 en uno de sus \u00faltimos libros<em>, Primer amor<\/em> &nbsp;(publicado por Castillo en monterrey junto con otra novela corta, <em>Busca mi esquela), <\/em>acerca de una mujer muy parecida a ella llamada B\u00e1rbara: Nunca la hab\u00eda gustado que le dieran ordenes, y mucho menos ordenes que contrariaran sus deseos o principios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo ser que enfrenta problemas hacia la figura de autoridad es, necesaria mente un condenado.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena dijo una vez que extra\u00f1aba a Octavio Paz porque ya no ten\u00eda con quien hablar. Durante los d\u00edas en que Luis Enrique Ram\u00edrez se qued\u00f3 a vivir en Cuernavaca en un modest\u00edsimo hotel que el pagaba de su propio bolsillo \u2013prend\u00eda la luz y se abr\u00eda la llave del agua, abr\u00eda el caj\u00f3n y se ca\u00eda la cama, el escusado era una fosa s\u00e9ptica y se ba\u00f1aba en jicarazos&#8211; , Elena Garro tuvo la suerte de encontrarse con un interlocutor verdadero, un joven como l\u00e1mpara votiva que habr\u00eda hecho todo por ella. Cuando lo conoc\u00ed me quiso dar un sablazo por que andaba \u201cboteando\u201d para Elena quien le aseguro estaba en la vil miseria. Margo Su se compadeci\u00f3 creo que m\u00e1s de \u00e9l que de Elena y le ayudo a \u201cbotear\u201d aunque nunca se dio una vuelta por el cajero autom\u00e1tico. Monsiv\u00e1is les paro el alto: \u201cNo saben en lo que se est\u00e1n metiendo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Me conmovi\u00f3 su entrega. A leguas se ve\u00eda que no ten\u00eda un centavo y sin embargo repet\u00eda: \u201cTengo que llamarle a Paris para&nbsp; saber c\u00f3mo sigue, se enferma la pobre\u201d Se gastaba la pobre su dinero en conferencias. El recibo telef\u00f3nico llegaba por el doble del pago de su recibo en <em>El Financiero. <\/em>Por esa \u00e9poca la reley\u00f3 con compulsi\u00f3n, devoraba sus libros, todo lo remet\u00eda a la persona de Elena Garro, a su vida, a sus escritores y aseguraba convivir con fantasmas: los&nbsp; de Elena. No ha logrado vencer el sortilegio y todav\u00eda hoy, despu\u00e9s de muerta, Elena Garro ejerce sobre \u00e9l una fuerza magn\u00e9tica. \u201cAs\u00ed son los Sagitario\u201d,&nbsp; me informa Luis Enrique que es Acuario y que, cuando quiere evitarse problemas, se lo explica todo de acuerdo a los astros. Inevitablemente viene a m\u00ed el recuerdo de Juan de la Cabada, tan alto y atractivo, que segu\u00eda a Elena como perro de aguas por las calles de la ciudad y, si alguien se le acercaba le ladraba.<\/p>\n\n\n\n<p>Si he conocido una mujer fascinante, esa ha sido Elena Garro. Durante el tiempo que conviv\u00ed con ella, me tendi\u00f3 la mano al grado de conocer un d\u00eda el forro de sat\u00edn blanco para el libro de primera comuni\u00f3n de mi hermanito Jan. Me lo quito de las manos para terminarlo. Guardo ese librito como he guardado la memoria de aquellos a\u00f1os que ahora revive Luis Enrique Ram\u00edrez con sus entrevistas, el ensayo y la amplia semblanza que escribi\u00f3 para conformar <em>La ingobernable. <\/em>Luis Enrique rescata todo lo que rodeo a Elena Garro y la vuelve apasionante: la pol\u00e9mica, las contradicciones, la perfidia, la mentira, la genialidad, el masoquismo, la fe, el misticismo, la imaginaci\u00f3n, la magia. Con su amplia informaci\u00f3n&nbsp; y su buena factura, este libro ser\u00e1 clave para todos los estudiosos de la vida, de la obra, del fen\u00f3meno de Elena Garro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Fuentes Fidedignas, nos hemos dado a la tarea de hacer una recopilaci\u00f3n de entrevistas, escritos y columnas de nuestro director Luis Enrique Ram\u00edrez. 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